Estudios biblicos

 

 

LOS SANTOS 5/7

2016-12-19 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 12

"Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre." (Hechos 10: 25-26)

 

¿Quiénes son? ¿Podemos confiar en ellos?

 

La veneración de los santos en la iglesia primitiva.  

Es importante saber que en la Iglesia cristiana primitiva los creyentes y adoradores desconocían la extraña doctrina de la veneración de santos. Las personas que iban al templo sabían que el único a quien se debía adorar era al Padre Celestial.

 

A nadie se le ocurría adorar o venerar a algún muerto. En la Iglesia cristiana no se practicaba el uso de velas, cirios, imágenes y mucho menos procesiones. Esto si lo hacían los paganos que adoraban a sus dioses pero no los cristianos.

 

En algunas religiones se considera, venera y adora al apóstol Pedro como el más grande de los santos. Lo contradictorio es que cuando Pedro estuvo vivo y servía a Dios, muchas personas intentaron adorarlo, hasta se arrodillaron ante él, pero Pedro vio esto con repugnancia; nunca permitió que alguien se arrodillara ante él, y mucho menos intentaran adorarlo.

 

“Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” (Hechos 10: 24-26)

 

Tampoco el apóstol Pablo permitió que lo adoraran.

 

“Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos. Mas los judíos que no creían excitaron y corrompieron los ánimos de los gentiles contra los hermanos. Por tanto, se detuvieron allí mucho tiempo, hablando con denuedo, confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, concediendo que se hiciesen por las manos de ellos señales y prodigios. Y la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles. Pero cuando los judíos y los gentiles, juntamente  con sus gobernantes, se lanzaron a afrentarlos y apedrearlos, habiéndolo sabido, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a toda la región circunvecina, y allí predicaban el evangelio. Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y viendo que tenía fe para ser sanado, dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra. Y el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba frente a la ciudad, trajo toros y guirnaldas delante de las puertas, y juntamente con la muchedumbre quería ofrecer sacrificios. Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron   entre  la  multitud,  dando   voces   y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay. Y diciendo estas cosas, difícilmente lograron impedir que la multitud les ofreciese sacrificio.” (Hechos 14: 1-15, 18)

 

En el pasado, muchas personas intentaron arrodillarse ante los ángeles para adorarlos pero los ángeles no se lo permitieron. Este fue el caso del apóstol San Juan.

 

“Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.” (Apocalipsis 19: 10)

 

Continuará…

 

Que Dios los bendiga




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