Estudios biblicos

 

 

LOS SANTOS 4/7

2016-12-12 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 10

"No se turbe vuestro corazón: creéis  en Dios, creed también en mí. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. (Juan 14: 1, 21)


                                                                      ¿Quiénes son? ¿Podemos confiar en ellos?

Todos los sesenta y seis libros que forman el canon bíblico afirman insistentemente que ningún ser humano tiene suficientes méritos que lo capaciten para ser salvo o para ser declarado santo.

 

La santidad viene de Dios y se nos otorga en el momento cuando al venir a Cristo, somos perdonados y vestidos con el manto de Justicia de Jesús, somos santos por la santidad de Jesús; no somos salvos ni por las buenas obras ni por los milagros y mucho menos por el martirio de los sacrificios. La santidad es un regalo de Dios, no es el premio de nuestras buenas obras y nuestro esfuerzo carnal.

 

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:1- 9)

 

Las únicas buenas obras que Dios mira con agrado son aquellas obras que brotan de un corazón agradecido por la justicia recibida gratuitamente de las manos del Padre Celestial.

 

Esas buenas obras son agradables a Dios, porque son espontáneas, naturales y permanentes.

 

Esas buenas obras agradables a Dios no son otra cosa que una permanente obediencia a los Diez Mandamientos de la Santa Ley de Dios.

 

“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” (Apocalipsis 14: 12)

 

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. El que tiene mis mandamientos,  y los  guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él." (Juan 14: 1, 21)

 

Continuará…

 

Que Dios los bendiga.




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