Familia

 

 

SALUD FINANCIERA 1

2020-11-03 Por: Autorización de Fundación Vivo Sano 30

Para observar la relación entre salud y economía comenzaremos desgranando el concepto de salud.

Una de las acepciones ofrecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia”.

Como apunta Briceño León (2000) “La salud es una síntesis; es la síntesis de una multiplicidad de procesos, de lo que acontece con la biología del cuerpo, con el ambiente que nos rodea, con las relaciones sociales, con la política y la economía internacional” (1)

Por lo tanto, la idea que se entiende por salud depende de la interacción de múltiples factores: sociales, políticos, económicos, culturales, científicos… también, de un condicionamiento histórico, ya que cada momento y sociedad se corresponden con visiones diferentes.

En la sociedad actual, las transacciones económicas tienen una gran relevancia que afecta a todos los aspectos de nuestra vida. La adquisición de alimentos, de productos textiles, el proceso hipotecario o de alquiler, etc. están condicionados por tener a disposición recursos financieros. Cualquier proceso monetario implica que exista bienestar físico, mental y social para poder gestionar recursos financieros de manera correcta; nuestra salud está condicionada por el estado de nuestra economía personal.

En España, gran parte la población presenta dificultades para afrontar todos los gastos que genera, lo que produce estrés por no poder llegar a fin de mes; esto se ha convertido en un estilo de vida normalizado.

Estrés, según la RAE (2018): Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.

Entre las principales consecuencias de sufrir dicho estrés destacamos: dolor de cabeza, diarrea o estreñimiento, cansancio excesivo, decaimiento, mandíbula rígida, músculos tensos, insomnio o somnolencia, variaciones de peso inusuales, desmotivación, irritabilidad, ansiedad o los olvidos y retrasos de memoria. Entre los riesgos del estrés crónico se encuentran bajadas de defensas, presión arterial alta, diabetes, insuficiencia cardíaca, eccemas, depresión, ansiedad o problemas derivados de la tensión constante como las contracturas musculares o el bruxismo. Las situaciones de estrés también pueden modificar los hábitos alimentarios decantando por la ingesta de alimentos muy apetecibles, pero con escaso valor nutritivo. Algunas personas que padecen este factor de riesgo tienden a ingerir en exceso alimentos con alto contenido en grasas, azúcares, sal y calorías, lo que puede llevar no solo al sobrepeso y obesidad sino, también, a aumentar el riesgo de desarrollar otras patologías, como hipercolesterolemia, hipertensión, hipertrigliceridemia, enfermedades cardiovasculares, etc. (Lattimore, P. & Caswell). La relación existente entre las situaciones de estrés y los hábitos alimentarios ha sido estudiada en diferentes investigaciones a lo largo del tiempo. Las situaciones de estrés condicionan los hábitos alimentarios, pilar básico en la salud.

AutoraElia Quiroga

Referencias:   

       (1)   Briceño León, R. De Souza, M. y Coimbra, C. (2002). Bienestar, Salud pública y cambio social. Salud y equidad: una mirada desde las ciencias sociales (pp 15-24). Rio de Janeiro: Editorial Fio Cruz.

Continuará…

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Autorización de Fundación Vivo Sano

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