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EL PÁMPANO EN LA VID, Y LA VID EN EL PÁMPANO

2020-09-10 Por: Pr. Allan Machado 26

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” (Juan 15: 4- 5)

 

Meditemos por un momento en las palabras de Jesús y consideremos la relación íntima a la que Él hace referencia. Es una declaración profunda que describe la imagen de lo que significa “estar en Cristo y Cristo en nosotros.” Esta íntima relación se expresa como la conexión que existe entre la vid y los pámpanos. “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” Jesús es la fuente de vida, nosotros somos los recipientes de la vida que solo Él puede ofrecer.

 

Cristo desea que nosotros “los pámpanos” demos mucho fruto. “El que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto”. Los frutos son el resultado de la vida en desarrollo. Los pámpanos (las ramas) no tienen vida en sí mismos. Estos sólo pueden dar frutos cuanto están conectados a la vid. Jesús es la vid y cuando estamos conectados con Él podemos producir muchos frutos.

 

Esta vida abundante que produce mucho fruto fluye de una íntima relación con Cristo. Pensemos en la íntima relación que existe entre la vid y los pámpanos. Los pámpanos provienen de la vid (el tronco) y el desarrollo de estos depende exclusivamente de la conexión constante con la vid. La vida que proviene de la vid se desarrolla, expande y prolonga a través de las ramas. Nosotros somos esas ramas que se desarrollan de la Vid Verdadera, cuando nacemos nuevamente a través del Espíritu por la fe en Cristo. De esta manera estamos conectados para siempre con el Señor. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Corintios 6: 17). Día a día, su vida se hace una realidad práctica en nosotros.

 

Obviamente, el Espíritu Santo es el que participa en este proceso. Jesús había anunciado a sus discípulos que pronto regresaría el Padre. Así que les dijo estas palabras para consolarlos: “No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros, y estaré en vosotros. Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis” (Juan 14: 18-19). En el día del Pentecostés, el Espíritu Santo fue derramado sobre los discípulos con todo su poder. A partir de ese momento, el Espíritu haría posible que la vida de Cristo fuera accesible a todo creyente. A medida que aprendamos a confiar en Él, Cristo vivirá en y a través de nuestras vidas.


Querido joven que tu oración este día sea: Querido Jesús, tú eres la única fuente de vida. Confieso que muchas veces he caminado lejos de ti y te he sentido distante. De hecho, tú siempre has estado, estás y estarás cerca de mí de la misma forma que el pámpano está conectado a la vid. Recuérdame lo cerca que estás de mí. Yo quiero vivir conectado contigo día a día. Amén.




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