Matrimonios

 

 

¿CÓMO COMUNICARTE CON QUIEN TÚ AMAS? 2

2020-09-02 Por: Autorización de Jóvenes Cristianos.com 26

El arte de escuchar no es algo que recibimos naturalmente: hay que aprenderlo.

 

Primero, no interrumpas hasta que la otra persona haya terminado de hablar. Mientras escuchamos, la tentación que nos asalta es la de elaborar mentalmente respuestas y refutaciones. Así que interrumpimos para introducir nuestros puntos de vista. El mensaje que enviamos es: “Me importa más lo que yo pienso que lo que tú dices”.

 

Segundo, presta atención plena e indivisa a lo que está diciendo tu ser querido. Es más difícil de lo que parece, porque es fácil distraerse y dejar que la mente divague. Ruth Graham, la esposa del famoso evangelista Billy Graham, ilustra lo que estamos comentando: “Con frecuencia mi esposo está preocupado. Y es comprensible, tiene muchas cosas que atender. Cierta vez esperábamos gente para cenar, y yo le pregunté qué le gustaría que incluyera en el menú.

 

—“Ajá... —gruñó él—. Yo sabía que sólo su cuerpo estaba conmigo y decidí divertirme un poco.

— “Se me ocurre que podríamos comenzar con una sopa de renacuajos—empecé.

— “Ajá —me contestó.

— “Y en el jardín hay una hermosa hiedra venenosa con lo que podríamos hacer una linda ensalada.

— “Ajá.

— “Y para el plato principal podríamos asar algunas de esas ratas del muelle que vimos el otro día cerca del lugar donde se ahúman cecinas, y las podríamos servir con hierbas amargas hervidas y alpiste.

— “Ajá.

— “Y como postre podríamos presentar un soufflé de barro… —el volumen de mi voz comenzó a disminuir cuando vi que sus ojos comenzaban a ponerse en foco.

— “¿Qué es eso que dijiste de ratas asadas? —preguntó”.

 

Escuchar a tu esposo o tu esposa puede llegar a ser cansado, pero dedica tiempo para concentrarte en el mensaje de tu ser amado.

 

Tercero, acepta que los pensamientos y sentimientos de tu ser querido son genuinos. No lo contradigas ni lo ignores.

 

Algunas declaraciones como: “No te sientas así” o “No lo digas nunca más”, o “Es lo más ridículo que jamás he oído” interrumpe tanto la conversación como la relación misma.

 

Por ejemplo, a la hora de la cena Roberto prueba una cucharada de sopa y se queja diciendo: “¡La sopa está fea!” La mamá se puede sentir tentada a decir: “No es cierto; está deliciosa”. Pero los gustos son personales. Si a él no le gusta, nada lo convencerá.

Lo que Roberto escucha realmente es: “¡No me interesa tu opinión!” Desde luego, esto no quiere decir que siempre estaremos de acuerdo con todo lo que oigamos. Tenemos nuestros propios gustos. Podemos aceptar las declaraciones y los sentimientos de los demás como sus propios pensamientos y sentimientos. La mamá, si es sabia, dirá: “Siento que no te guste la sopa. A mí me agrada. Puede que haya alguna otra cosa que te guste comer”.

 

Cuarto, analiza el sentido del mensaje que estás recibiendo. Las palabras pueden tener significados diferentes para distintas personas. Es bastante fácil que el significado de una palabra se distorsione al pasar de una persona a otra.

 

Podemos confirmar si hemos entendido bien el mensaje parafraseándolo: “Estás frustrado y enojado porque el jefe te acusó injustamente de ese error ¿no es cierto?”. “Temes que nuestra relación se perjudique si yo aparezco como demasiado amigo de Susana, ¿verdad?”. El interlocutor tiene entonces la oportunidad de confirmarle al receptor que ha recibido bien el mensaje, o de corregir cualquier malentendido.

 

Continuará…

 

Autor: Roger y Peggy Dudley

 

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