Familia

 

 

LA NORMALIDAD DEL MUNDO 2/4

2020-08-25 Por: Pr. Juan Estrada 33

En los versículos “Ruego por ellos. No ruego por el mundo, sino por los que me has dado, porque son tuyos […] protégelos con el poder de tu nombre, el nombre que me diste, para que sean uno, lo mismo que nosotros” (Juan 17: 9, 11), hay dos conceptos importantes, primero Jesús ora por quienes han recibido la palabra y la han aceptado, estas personas ante Dios no son comunes al resto de la humanidad, pues viven en este mundo, pero no son de este mundo, ellos han sido apartados, y por lo tanto santificados, cada miembro de nuestra familia ha sido santificado, desde el momento que aceptamos a Jesús, como nuestro Salvador personal.

Segundo, Jesús también le pide al Padre que los proteja. Jesús es el buen pastor que cuida a sus ovejas y que daría la vida por ellas; Él es el buen pastor que mencionaba David en Salmo 23, Él es el pastor que te hace descansar en un lugar seguro, donde las corrientes de las aguas son mansas y tranquilas, Él es el buen pastor que te hace sentir tranquilo, Jesús, quiere que cada miembro de la familia viva en un remanso de paz.

Otro punto importante dentro de la oración de Jesús del versículo 20: “No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos”. En este apartado no sólo encierra a cada persona que cree, sino los que creerán a través del testimonio que cada creyente. Y es a partir de aquí, donde todos estamos incluidos, el evangelio no sólo se queda en nuestras familias, este debe expandirse en todo el mundo; tengamos en cuenta que en el momento preciso Dios nos llamó a nosotros con un llamamiento Santo, tomamos la decisión de aceptar a Jesús como nuestro Salvador personal, en ese momento no dudamos, estábamos seguros que habíamos elegido correctamente, como lo dice en  Gálatas 2: 20 “He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí”; es entonces cuando empezamos una nueva vida, una vida que puso la esperanza en el Hijo de Dios.

Continuará…




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