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OBEDIENCIA BAJO UN PACTO DE GRACIA

2020-08-13 Por: Pr. Allan Machado 32

"Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia" (Romanos 6: 14).

 

Los caballos árabes pasan por entrenamientos indescriptibles en las zonas áridas y secas del Medio Oriente. Los entrenadores requieren de ellos una absoluta obediencia y los prueban para ver si están completamente domados. Parte de este entrenamiento, es enseñarlos a confiar plenamente en sus entrenadores. Esto significa que el majestuoso animal llega a obedecer a su amo sin demora.

La prueba final va más allá de lo que la criatura pareciera poder soportar. Los entrenadores fuerzan a los caballos a no tomar agua por varios días. Luego los sueltan y ellos salen corriendo en busca de los bebederos. Pero cuando los caballos están llegando al borde de los tanques de agua el entrenador les silba. Aquellos caballos que aprendieron a confiar plenamente en sus amos, aquellos que se han entregado completamente, se detienen en seco y comienzan a trotar de regreso hacia sus amos. Se paran frente al entrenador temblando de sed, queriendo tomar agua, pero allí esperan en perfecta obediencia. Cuando el entrenador está seguro de que tiene la obediencia del animal, le da una señal y lo manda a tomar agua. Tal pareciera que este entrenamiento es cruel; pero cuando los que viven en éstas zonas secas, cabalgan por los senderos perdidos de la arena del desierto, se aseguran de tener un caballo obediente. La vida del jinete depende de la obediencia del animal.

La obediencia, es algo vital en la vida del creyente. A través de las Escrituras podemos ver que Dios desea que sus hijos sean obedientes. Moisés escribió: Obedece al Señor tu Dios y cumple los mandamientos y preceptos que hoy te mando" (Deuteronomio. 27: 10 NVI); El profeta Samuel confirma esta verdad: ¿Qué le agrada más al Señor: ¿que se le ofrezcan holocaustos y sacrificios, o que se obedezca lo que él dice? El obedecer vale más que el sacrificio, y el prestar atención, más que la grasa de carneros" (1 Samuel. 15: 22 NVI). De la misma forma el apóstol Pedro declara: Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia(1 Pedro 1: 14 NVI). 

Nuestras vidas deben estar bajo el señorío (dominio) de la voluntad de Dios, como está revelado en su Palabra. Cuando somos desobedientes a la voluntad de Dios, el pecado se enseñorea de nosotros. El Señor desea que nos liberemos de la opresión del pecado y vivamos en obediencia. Lo único que puede ofrecernos libertad del pecado es la gracia de Dios: Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia" (Romanos 6: 14 NVI). Podemos pensar que las leyes pueden liberarnos del dominio que produce el pecado. Si tuviéramos leyes radicales con consecuencias severas, con seguridad el hombre dejaría de pecar. Sin embargo, todos sabemos que esto no es una realidad. No existen estándares más elevados que los que presenta la ley santa y perfecta de Dios. No existen consecuencias más severas que las que sufren aquellos que violan los mandamientos de Dios. Con todo, el hombre sigue bajo el señorío del pecado. El único remedio es la gracia de Dios.

Una reacción aprensiva puede desarrollarse en contra del remedio gratuito de Dios. Algunos piensan que cuando proclamamos la gracia como la solución estamos motivando al hombre a pecar más, y mientras más pecamos más gracia necesitamos. Sin embargo; en realidad ocurre todo lo contrario. Cuando los hijos de Dios aceptan lo que la gracia ofrece (rescate efectivo del pecado a través de nuestra identificación con la muerte y resurrección de Cristo), se les hace muy difícil continuar bajo el dominio del pecado y vivir en rebelión contra Dios "¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde?, ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?, ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?, Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva" (Romanos 6: 1-4 NVI)

 

A través de la gracia de Dios, andar en nueva vida significa vivir acorde con la voluntad de Dios.

Que el Señor les bendiga siempre.




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