Jovenes

 

 

AMIGOS A PESAR DE LAS CIRCUNSTANCIAS 1/3

2019-11-07 Por: Pr. Juan Estrada 19

Sólo era un joven pastor de ovejas, su vida diaria consistía en cuidar los rebaños de su padre y nadie preguntaba por él. Mientras el cuidaba de las ovejas, sus hermanos mayores luchaban en la guerra. El pequeño joven sólo se imaginaba una historia ficticia.

Un día su padre le pidió que fuera al campamento militar donde estaban sus hermanos y que les llevara algunas cosas que necesitaban; al llegar se sorprendió al ver al ejército de su nación preparándose para la batalla, esta vez sus enemigos eran otra vez los filisteos. De pronto, empezó a oír vociferaciones al otro lado del río, del lado del campamento enemigo, la curiosidad lo llevó a ver qué es lo que ocurría y ahí estaba un gigante que desafiaba al ejercito de su pueblo, maldecía a su gente, a su pueblo y blasfemaba contra su Dios (Puedes leer la historia completa en 1 Samuel 17).

Aquel gigante sólo quería un rival, sólo una lucha a muerte entre él y uno del ejército contrario y así definir el fin de la lucha. Pero del ejército de Israel nadie se atrevía a luchar contra aquel gigante. Cada día el gigante hacia el mismo reto “Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí” (1 Samuel 17: 8).

Cuando el joven David escuchó al gigante, no podía creer la actitud del ejército y de su rey, todos estaban llenos de temor por aquel paladín del ejército enemigo. Así que tomó la decisión de hablar con el rey para que le diera permiso para pelear contra el gigante.

En su entrevista con el rey, le contó todo lo que hacía para defender a las ovejas de su padre, como había matado osos, leones y cuanto animal intentará hacer daño al rebaño, y estaba seguro, de que, así como Dios lo había “librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo” (1 Samuel 17: 37).

El joven David estaba convencido que Dios lo libraría de la mano de aquel gigante llamado Goliat. Él había depositado su confianza en Dios. Cuando se presentó ante el gigante, este se mofó de él, y juró por sus dioses que daría su cuerpo como alimento a los animales del campo. El confiaba en Dios y sabía que Él le ayudaría a vencer al filisteo.

La batalla fue corta, una sola piedra fue suficiente para terminar con el enemigo, Dios había entregado en sus manos la vida de aquel gigante.

Aquí empieza la historia de un joven que sería un amigo incondicional.




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