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NO TENDRÁS SED JAMÁS

2019-11-08 Por: Pr. Allan Machado 22

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él”    (Juan 7: 37-39)

Estas palabras de Jesús proveen un cuadro más completo de lo que significa ser llenados por el Espíritu. Sus palabras son dirigidas a los sedientos: “Si alguno tiene sed.” En el contexto espiritual, estar sediento se refiere a la sequía dolorosa que se siente cuando estamos necesitados y vacíos. Las preocupaciones, los disgustos, los temores y las presiones de este mundo pueden secar el alma de cualquier persona. Refiriéndonos a estas necesidades, la sed puede entenderse como el anhelo por disfrutar de esas bendiciones celestiales que refrescan y restauran la vida interior.

Jesús nos dice exactamente como remediar esa sed interior: “Bebed de mi.” Necesitamos traer nuestras necesidades a Jesús y beber de Él. Muchas veces tratamos de satisfacer la sed tomando de otros pozos. El mundo trata de saciar la sed en la educación, el trabajo, la religión, la política, el entretenimiento, el dinero, las drogas, entre otras cosas. Jesús le dijo a la mujer Samaritana en el pozo: “…Cualquiera que bebiera de esta agua, volverá a tener sed, mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás…” (Juan 4: 13-14). Las cosas del mundo no pueden saciar el alma sedienta. Nuestra sed espiritual solamente la puede saciar una persona: Jesús.

¿Cómo poder ser saciados por Jesús? El respondió la pregunta de la siguiente manera: “El que cree en mí.” Cuando traemos nuestras necesidades a Jesús y creemos que Él puede satisfacernos, estamos tomando de lo que sólo el Señor puede ofrecer. Esa agua refrescante que Jesús ofrece puede convertirse en una fuente de bendición para otros: “… de su interior correrán ríos de agua viva.” El sediento no solo encuentra en Jesús la satisfacción que sacia su alma, eventualmente se convierte en fuente de bendición para todos lo que lo rodean. De la misma manera, Jesús se refirió a sí mismo como el pan de vida: “Yo soy el pan de vida, el que a mi viene, nunca tendrá hambre” (Juan 6: 35)

Que tu oración este día sea: Padre celestial, gracias porque puedes hacer de mi vida un manantial de bendiciones para todos los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amen.

Dios les bendiga siempre.




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