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SEXO SIN MATRIMONIO (Jóvenes Triunfadores 8/9)

2016-02-18 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015)

“Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres.  Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy”.(Deuteronomio 6:18,24)

Una tentación fuerte, frecuente y peligrosa que con frecuencia asalta a los jóvenes es la de anticiparse a las relaciones sexuales prematrimoniales.

¿Se han preguntado ustedes cuál es la razón por la cual los jóvenes se anticipan a la relación sexual?

La causa principal es la de no tener una íntima y permanente relación con Dios. El joven y la señorita cristiana saben que la relación sexual antes del matrimonio tiene un nombre fuerte y terrible ante Dios, que es la fornicación.

El joven que teme y respeta a Dios, el joven que se preocupa por su salvación y aspira estar preparado para el pronto regreso de Cristo, jamás pensaría en hacer una cosa semejante, porque la fornicación es un pecado abierto contra la Ley de Dios y es causa de perdición eterna.

Cuando no se respeta a Dios, el pecado se justifica hasta con pobres excusas; por ejemplo: ¿Quién es virgen en esta época? ¿Qué voy a ganar con eso de la virginidad? El apetito sexual con es algo natural que hay atender.

Aunque existas estas excusas, sin embargo el joven que teme a Dios siempre verá el pecado de fornicación como algo sucio y repugnante que ofende a Dios y al prójimo.

Un buen ejemplo de lo que estoy hablando lo constituye el noble caso del joven José en Egipto. Cuando la esposa del Faraón se enamoró de él, lo acosó, lo sedujo, y lo atrapó.

Esta mujer, le tendió una emboscada le quitó la ropa e invitó a tener relaciones íntimas con ella, pero José, teniendo una permanente comunión con Dios, dijo: ¿Cómo haría yo este gran mal y pecaría contra mi Dios? (Génesis 39:9).

Mi querido joven, ten en cuenta que el concepto que tú tengas de Dios, tu relación diaria con Dios, tu entrega diaria y tu constante dependencia de Dios es lo único que te servirá de ayuda para no contaminar tu pureza espiritual y pecar contra Dios.

Quiero enfatizarte mucho que es tu relación con Dios la que te va a ayudar, no la religión que profeses. Religión y salvación son dos cosas diferentes. La religión puede ayudar pero es Dios a través de Jesucristo quien imparte al ser humano las fuerzas, la convicción y el rechazo a todo lo que es sucio, ofensivo, vulgar y degradante. Por eso dice la Biblia en Filipenses 4:13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Para que tengas una idea de cuan débil resulta depender de una religión a la hora de una tentación, toma en cuenta los siguientes datos:

La prestigiosa empresa Gallup, realizó una encuesta para (RCR): Red Cristiana de Radiodifusión.  Ellos querían saber cuánto influye la religión ante las exigencias ilícitas del apetito sexual. El 80% de los entrevistados afirmó que la religión es importante en la vida pero no tiene la fuerza suficiente como para frenar a alguien ante una fuerte tentación sexual como la fornicación y el adulterio. También se comprobó que entre el 50 y el 60% de los jóvenes cristianos frecuentaban intimidad sexual. Y la cifra más asombrosa fue que de 500 líderes cristianos encuestados el 62% tenían relaciones sexuales ilícitas. Este grupo de líderes cristianos lo formaron católicos y evangélicos por igual.

Jóvenes, cuando Dios a través de la Biblia te ordena: “no fornicar”, lo hace con el único propósito de asegurar tu felicidad y tu vida. Los 10 Mandamientos de la Santa Ley de Dios constituyen un anillo de protección contra toda desgracia.

¿De qué quiere Dios librarte cuando te ordena no fornicar o adulterar?

En primer lugar Dios quiere protegerte del sufrimiento producido por las enfermedades vergonzosas, incómodas, dolorosas y hasta mortales como son las asquerosas enfermedades venéreas.

Cuando el temible SIDA hizo su aparición a fines de la década de los 70’, el impacto fue tan grande que las demás enfermedades venéreas quedaron opacadas y olvidadas, pero nunca han desaparecido y continúan matando al ser humano.

Ahora ¿Cuáles son esas enfermedades terribles que causan tanto sufrimiento?

Tomemos por ejemplo la clamidia Trachomatis. Esta es una enfermedad viral de transmisión sexual que con gran facilidad se coloniza en el cuerpo humano. Esta clamidia es la más común de las enfermedades venéreas. Su principal daño es la infertilidad de la mujer, afectar al feto y producir abortos prematuros. La infección venérea por esta clamidia es tan común que cada año más de 4 millones se contaminan.

Otra enfermedad que es producto de la vida sexual impropia son los herpes. Dicho sea de paso: esta enfermedad no tiene cura. Consiste en llagas molestas y dolorosas. Sólo en los Estados Unidos hay nada menos de 30.000.000 de personas con herpes genitales. También quiero mencionarles las verrugas genitales. Tampoco tienen cura, y son altamente incómodas. Aparecen inesperadamente en la boca y en la garganta. Ahora mismo se está asociando esta enfermedad con el cáncer cervical.

Jóvenes, tener relaciones sexuales fuera del matrimonio es exponerse innecesariamente a otra enfermedad venérea terrible, dolorosa y degenerativa como es la sífilis. Aunque se creía controlada y casi eliminada por los potentes antibióticos que hoy existen; sin embargo, la sífilis ha reaparecido con un aumento de un 70% cada cinco años.

Jóvenes, hablar de sífilis es hablar de: enfermedades mentales, daños a la médula espinal, ceguera, daños congénitos a los hijos, parálisis, deformaciones de los huesos y por supuesto la muerte.

Por último les menciono la popular gonorrea. Si ésta no se trata a tiempo, dificulta todo embarazo y puede dañar seriamente al feto.

Desgraciadamente el doloroso cuadro de las enfermedades de transmisión sexual no convence, ni controlan a nadie que sea un esclavo de sus propias pasiones.

Es muy triste oír a un joven decir: de algo hay que morir. Con esta frase muchos expresan su incapacidad de controlarse y su desprecio por el don maravilloso y único de la vida que bondadosamente Dios nos ha dado.

Jóvenes, ojalá ustedes de alguna manera entiendan y acepten que Dios nos hizo para vivir, para ser felices y para disfrutar de la vida en su plenitud. Porque Dios nos ama, nos ha dejado sus leyes, sus estatutos, su Santa Palabra, la Biblia.

Dios nos dice a través de la Biblia:

“Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres.  Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy”.   (Deuteronomio 6:18,24)

“Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren”.   (Deuteronomio 7:15)

Muchos jóvenes ahora mismo están sufriendo y aun muriendo sin ninguna necesidad.

Los jóvenes por su poca experiencia, por su vulnerabilidad y por su espíritu curioso, atrevido e imitador no oyen consejos, se creen autosuficientes y caen presa fácil de los conceptos y estilos de vida totalmente equivocados que existen en este mundo.

Dios ama entrañablemente a los jóvenes. Jesús era joven, los apóstoles eran jóvenes. Jesús, más que nadie conoce las luchas, los conflictos, las necesidades y las tentaciones del joven. Satanás es lo contrario, Él odia a los niños y a los jóvenes, por eso les hace el peor daño que pueda.

Nunca antes la juventud ha sido tan brutalmente acosada y destruida como en esta época. Cada año 3 millones de jóvenes se contagian con alguna enfermedad venérea, o sea 8.500 cada día. Sólo en los Estados Unidos cada 24 horas se infestan 6.000 jóvenes, o sea 1 cada 13 segundos.

Algunos jóvenes dicen que la única manera de estar seguros contra las enfermedades venéreas es usando preservativos como el condón. Dicen ellos que esto sí es sexo seguro.

Que el día de hoy tu oración sea: Padre la única seguridad de estar sano y bien, es obedeciendo tus mandatos, hazme obediente por favor en el nombre de Jesús, Amén.

Que Dios te bendiga siempre




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