Estudios biblicos

 

 

ESPERANZA DE RESURRECCIÓN

2019-04-21 Por: Pr. Allan Machado 26

El siguiente domingo después de su muerte, un terremoto estremeció el lugar y la gigantesca piedra que tapaba la entrada de la tumba fue removida revelando que Jesús ya no estaba entre los muertos. Pobre María Magdalena, no podía encontrar lógica en el hecho de que Jesús había resucitado. Con la vista empañada por las lágrimas le preguntó al hortelano dónde había puesto el cuerpo sin vida de su maestro. “¿Dónde le has puesto?”, suplicó. Su corazón desfallecía ante esta nueva arbitrariedad. En ese momento, escuchó su voz, llena de compasión y amor, “María…” La esperanza como un rayo de luz inesperado refulgió en su corazón y quedó sin aliento. Todo lo que Jesús había prometido se había extinguido con su muerte… y todo, absolutamente todo había revivido en solo un momento al sonido de su voz. La resurrección aseguraba que el sepulcro y la muerte habían perdido su poder "¿Dónde está, oh muerte,  tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Corintios. 15: 55).

 

Había transcurrido lentamente la noche del primer día de la semana. Había llegado la hora más sombría, precisamente antes del amanecer. Cristo estaba todavía preso en su estrecha tumba. La gran piedra estaba en su lugar, el sello romano no había sido roto; los guardias romanos seguían velando. Huestes de malos ángeles se cernían sobre el lugar. Si hubiese sido posible, el príncipe de las tinieblas, con su ejército apóstata, habría mantenido para siempre sellada la tumba que guardaba al Hijo de Dios. Pero un ejército celestial rodeaba al sepulcro. Ángeles excelsos en fortaleza guardaban la tumba, y esperaban para dar la bienvenida al Príncipe de la vida.

Cuando la voz del poderoso ángel fue oída junto a la tumba de Cristo, diciendo: “Tu Padre te llama,” el Salvador salió de la tumba por la vida que había en él.

La voz que clamó desde la cruz: “Consumado es,” fue oída entre los muertos. Atravesó las paredes de los sepulcros y ordenó a los que dormían que se levantasen. Así sucederá cuando la voz de Cristo sea oída desde el cielo. Esa voz penetrará en las tumbas y abrirá los sepulcros, y los muertos en Cristo resucitarán. El mismo poder que resucitó a Cristo de los muertos resucitará a su iglesia y la glorificará con Él, por encima de todos los principados y potestades, por encima de todo nombre que no se nombra, no solamente en este mundo, sino también en el mundo venidero. (EGW. El Deseado de Todas las Gentes, pág. 731).

Que tu oración este día sea: Querido Jesús, gracias!!, gracias!!, gracias!!, gracias!!… por tu muerte que nos dio vida y tu resurrección esperanza.




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