Salud del cuerpo

 

 

DESEO QUE TENGAS SALUD

2016-04-16 Por: Carolina Raquel Godines Fragoso 7

“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud…”  (3 Juan: 1:2 VRV)

Si somos exitosos en la vida, contamos con riquezas,  pero no tenemos salud, no somos felices. Pero  ¡qué hermosos son los deseos de Dios para sus hijos!, nos ama tanto que quiere que seamos felices en todos los aspectos y que gocemos de un cuerpo sano.

Dios siempre desea lo mejor para nosotros, por eso, durante la creación, por el poder de su palabra fueron hechas las maravillas de la naturaleza que nos rodea: los vastos océanos, los espesos bosques, las majestuosas montañas y cada ser que habita el planeta. Sin embargo, nada se compara con la obra majestuosa que realizó al crear nuestro cuerpo, no habló y fuimos hechos, sino que se tomó el tiempo para formar con sus manos esa ¡maravillosa y perfecta máquina que nos sostiene a cada segundo!

El Creador sabía mejor que nadie cómo cuidar de sus creaturas, estableció una dieta rica en frutas, legumbres y hierbas del campo, todo lo que el mundo natural producía estaba al alcance del hombre. Lamentablemente, con la entrada del pecado, toda esa perfecta creación de Dios fue dominada por pasiones y deseos malsanos. Desde entonces, el ser humano procura satisfacer sus gustos, y hace y come todo aquello que según piensa, lo hace “feliz”. Pero se nos olvida que  al soplar Dios en nosotros aliento de vida,  nos hizo mayordomos de nuestro cuerpo, y es nuestro deber por amor y agradecimiento a Él, cuidar del preciado tesoro que nos confió.

Seguro has escuchado el dicho “Mente sana en cuerpo sano”, y así es, no puede haber claridad y agilidad de pensamiento cuando nuestro cuerpo se ve afectado por la enfermedad. Lo anterior nos debe llevar a reflexionar en los pasajes que nos mandan a amar al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma y toda nuestra mente. (Mateo 22:37, Marcos 12:30) ¿Será que nuestra mente está lo suficientemente sana para amar al Señor, o está siendo perturbada por las enfermedades del resto de nuestro cuerpo? Con tristeza vemos que somos el resultado de nuestras malas decisiones.

 Aún así, Dios en su infinita misericordia todavía nos ofrece la oportunidad de restaurarnos, sigue invitándonos a volver a la dieta original que estableció en el Edén.

Si nuestro deseo es sentirnos bien y servir al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente, vayamos a la fuente de vida, busquémoslo a Él, pues desea prosperarnos, que seamos felices y tengamos salud.

Que tu oración este día sea: Señor, perdona mi negligencia, reconozco que mi cuerpo enfermo no es digno de venir ante tu presencia, pero sé que me amas y deseas mi bien. Dame fuerza y voluntad, ayúdame a cambiar mis malos hábitos y limpiar mi espíritu alma y cuerpo para amarte con todo mi ser como tú mereces, en el nombre de Jesús, Amén.




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