Familia

 

 

EL VALOR Y LA INFLUENCIA DE UNA MADRE 1/3

2019-01-01 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 27

EL PAPEL DE UNA MADRE

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33: 3)

 

Es un honor reconocer el valor y la influencia de la madre, no solo en la familia, sino en el mundo en que se proyecta. Dios quiso que en su Santa Palabra,  la Biblia, quedaran  registrados  los nombres, hechos y las actitudes de muchas madres que al recorrer el complicado camino de la vida, nos dejaran por supuesto su buen ejemplo,  otras tal vez, el desafío de conseguir otra alternativa. En fin, todas tienen una lección que enseñarnos, al resaltar en este día: la labor, la grandeza y el especial significado de la madre.

Necesariamente tenemos que recordar a Ana, la madre de uno de los más grandes profetas de Dios en Israel, la Biblia en 2ª de Samuel capítulo 1, resalta de Ana algunos rasgos especiales de su vida. Uno de ellos fue su constante y total dependencia de Dios, aunque humillada y amargada por la desgracia de no tener hijos, depositó toda su esperanza en el Dios de Israel, en el Todopoderoso Jehová, se aferró a Dios, perseveró en Él, espero en Él, y por supuesto Dios le respondió el pedido de su corazón.

En Ana se cumplió la gran promesa de Dios, de asistirnos y auxiliarnos en todos los días de angustia. “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:  3); también en el Salmo 50: 15 “E invócame en el día de tu angustia; te libraré, y tú me honrarás”.

Cuando finalmente Ana, tiene a su pequeño Samuel, lo dedica por completo a Dios y a su servicio, lo instruyó en los caminos de Dios, la verdadera y permanente sabiduría, le enseñó a depender de Dios, le enseñó a respetar a Dios y a su santa ley, le enseñó a respetar también las cosas sagradas; todo lo grande y útil que llegó a ser el profeta Samuel, lo debió en gran parte a la constante orientación y devoción de su madre.

En la lista de las mujeres valiosas, de esas mujeres que se mencionan en la Biblia, por supuesto aparece María la santa madre de Jesús. Cuando llegó el cumplimiento del tiempo, en el cuál  Jesús, el Hijo de Dios vendría a la tierra, Dios en su infinita sabiduría seleccionó a María y puso en sus brazos al tierno  Niño Jesús. María tuvo el privilegio de cuidar y velar por el mismo Dios, ahora encarnado, y cómo lo dijera bíblicamente el profeta Isaías, al referirse a la naturaleza divina del Mesías que estaba esperando Israel,  en su libro: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el Principado será sobre su hombro; y se llamará su nombre admirable, consejero, Dios fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9: 6). Por este gran favor, por esa honrosa distinción y bendición, es que María, la madre de Jesús, se atrevió a decir: “... engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el poderoso; Santo su nombre, y su misericordia es de generación en generación a los que le temen” (Lucas 1: 46-50).

En María como Madre, también se cumplió otra de las grandes promesas de Dios a todo aquel que le busca y le sirve, su palabra dice: “Yo honraré a los que me honran(1ª Samuel 2: 30). María como Madre, nos ha dejado valiosas enseñanzas para la vida familiar, tal como es: el esmero por unificar la familia en todas sus áreas, disciplina, orden y obediencia no negociadas; también la buena disposición por aceptar la voluntad de Dios y, sobre todo, el gozo de cumplir con satisfacción e integridad la tarea asignada por el cielo. Aunque esto suponga peligro, arduo trabajo, burla e incomprensión.

Continuará...

Que el Señor les bendiga

Pastor Efraín A. Sánchez




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