Matrimonios

 

 

LAS LEYES DEL MATRIMONIO 5

2018-07-11 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 9

LA LEY DEL YUGO

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11: 29-30). 

Cuando hablamos del hogar, estamos hablando de un compromiso conyugal. La palabra cónyuge viene de la palabra YUGO. Yugo es una herramienta de madera que se coloca en la cabeza de dos bueyes para unirlos. Con el yugo quedan en igualdad de condiciones: una vez que los bueyes están en yugo, trabajaran juntos y al mismo paso. Gracias al yugo se unen sus fuerzas, van por la misma dirección, van por el mismo objetivo, gracias al yugo se apoyan mutuamente. De la misma forma, casarse es ponerse un yugo. El compromiso es estar unidos para siempre andar juntos en el camino de la vida, planificar juntos, compartir juntos, decidir las cosas en común acuerdo, luchar juntos, sostenerse y apoyarse mutuamente. Cuando alguien se sale del yugo, entonces la carga queda sobre una sola persona. 

El día de la boda es el día cuando los esposos se ponen el yugo, los invitados y los testigos están presentes para testificar que se han puesto el yugo matrimonial.  Ese yugo los unirá para siempre; en la prosperidad y en la adversidad; en la salud y en la enfermedad, en los momentos buenos y en los momentos adversos. 

La Ley del yugo debe interpretarse como una acción reciproca, marido y mujer están en la misma posición y con las mismas responsabilidades. La ley del yugo en ningún momento da cabida a una total e inexplicable sumisión del uno hacia el otro. 

Cada esposo y cada esposa deben respetar los derechos, libertades y privacidad de su pareja. Dice la Biblia en 1ª de Corintios 7: 23 en la versión parafraseada: “Dios los ha comprado a ustedes a gran precio, así que no permitan que ningún hombre los convierta en su esclavo”. En el momento del matrimonio uno recibe un compañero o una compañera. No un esclavo. 

El matrimonio es un compromiso de mutua aceptación, no una renuncia total a la libertad o la individualidad. Todos los seres humanos nacemos libres y no estamos en la obligación de pedirle permiso a nadie para adorar a Dios, orarle, leer la Biblia, guardar el correcto día de reposo a ir al templo a adorar. Estos son derechos naturales que nacen en nosotros como personas. 

Es un gran error pensar que una buena manera de conservar la paz y la armonía del hogar es teniendo una total e inquebrantable sumisión. La total sumisión no es algo que agrada a Dios, es una teoría no apoyada por la Biblia y tampoco es una garantía de felicidad, la Biblia enseña que la sumisión no es una postura unilateral sino reciproca; esto significa que los esposos deben ser sumisos uno al otro. La Biblia en Efesios 5: 21 en la versión Dios habla hoy dice: “Sométanse los unos a los otros por reverencia a Cristo”. 

CONSEJO OPORTUNO

Un sabio y antiguo consejo dice: .  Una completa sumisión se le debe solamente al Señor Jesucristo, quien la ha comprado como su propia criatura con el infinito precio de su vida. Dios le ha dado a ella una conciencia, la cual ella no puede violar con impunidad. Su individualidad no puede fusionarse con la de su esposo, porque ella ha sido comprada por Cristo. Es un error imaginar que ella deba hacer exactamente con ciega devoción lo que su esposo diga. Cuando sabe que, al hacerlo, puede resultar en daño para su cuerpo y espíritu. Hay alguien que ocupa un lugar más elevado que el del esposo para la esposa, es su Redentor, y la sumisión hacia su esposo debe ser ofrecida a Dios como se le ha mostrado – como conviene al Señor” (E. G. White. Carta 19. 1891). “Es menester obedecer al Señor antes que a los Hombres” (Hechos 4: 19).

Continuará…

Del folleto “Las Leyes del Matrimonio” escrito por Pr Efraín y Mireya Sánchez




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