Matrimonios

 

 

DEFINIENDO EL MATRIMONIO 1/4

2017-07-12 Por: Dr. Efrain Duany Jr. 17

El matrimonio es invención de Dios. Él finalizó su acto perfecto de la creación del mundo mediante el establecimiento de la institución del matrimonio. De hecho, todo lo creado antes de Adán y Eva fue hecho con el propósito de preparar el hogar en donde Dios colocaría a la primera pareja para que pudieran vivir juntos bajo el sagrado vínculo del matrimonio. Esta es la razón por la cual el Tribunal Supremo no puede definir con exactitud al matrimonio, ya que no se define por el entendimiento humano.

Nosotros no podemos definir completamente lo que no hemos creado. Adán y Eva no fueron creados todavía cuando la idea se originó en la mente de Dios. Por esta razón, un análisis adecuado sobre el matrimonio necesita remontarse a la creación del universo.

Cuando queremos comprender el propósito y el funcionamiento de cualquier máquina o artefacto, la primera tarea es la de volver al manual que vino con el y leerlo. Este es uno de los problemas al momento de comprender la institución del matrimonio. Hemos intentado definir el matrimonio no a través de los ojos de nuestro Creador, sino a través de los ojos de nuestras preferencias personales y la influencia de nuestra cultura. Por lo tanto, la sociedad contemporánea tiene muchas concepciones falsas y muchas falacias con respecto a esta institución sagrada.

Cuando hablamos del plan original para el matrimonio notamos que Dios no hace nada sin un propósito. Los pasos que Dios siguió para crear este mundo demuestran que tiene una clara comprensión del plan de la creación. (Génesis 1: 4) “Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas” presenta la base para entender el propósito de la humanidad, mientras esta se relaciona con la imagen de Dios (imago Dei). Vale la pena señalar que Dios utiliza dos fórmulas diferentes cuando creó este mundo. Usó una fórmula recurrente, veamos el libro de Génesis 1: 3, 6, 9, 11, 14, 20, 24 y 26 Nueva Versión del Rey James.

3  “Y Dios procedió a decir: Llegue a haber luz. Entonces llegó a haber luz.”

6  “Y Dios pasó a decir: Llegue a haber una expansión en medio de las aguas, y ocurra un dividir entre las aguas y las aguas.”

9  "Y Dios pasó a decir: Que las aguas [que están] debajo de los cielos se reúnan en un mismo lugar y aparezca lo seco." Y llegó a ser así.”

11 Y pasó Dios a decir: Haga brotar la tierra hierba, vegetación que dé semilla, árboles frutales que lleven fruto según sus géneros, cuya semilla esté en él, sobre la tierra. Y llegó a ser así.”

14  "Y Dios pasó a decir: Llegue a haber lumbreras en la expansión de los cielos para hacer una división entre el día y la noche; y tienen que servir de señales y para estaciones y para días y años.”

20  "Y Dios pasó a decir: Enjambren las aguas un enjambre de almas vivientes, y vuelen criaturas voladoras por encima de la tierra sobre la faz de la expansión de los cielos.”

24  "Y Dios pasó a decir: Produzca la tierra almas vivientes según sus géneros, animal doméstico y animal moviente y bestia salvaje de la tierra según su género. Y llegó a ser así.”

26 “Y Dios pasó a decir: Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza, y tengan ellos en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y los animales domésticos y toda la tierra y todo animal moviente que se mueve sobre la tierra.”

Cada vez que Dios creó algo en un día particular, el patrón de la fórmula consistía en: “Entonces Dios dijo”, y “todo lo que Dios llama para la existencia, sucedió”. Sin embargo, cuando llegó el momento de crear a Adán y Eva, Dios cambió su fórmula y dijo: “…Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla…”(Génesis 1: 26-28 LBLA).

El matrimonio es una institución sagrada y para poder entenderlo debemos conocer la esencia de nuestro Creador. Es nuestro deber respetar la unión del vínculo que se forma entre dos personas cuando han recibido la bendición de Dios. En el libro de Génesis podemos notar la cercanía entre Dios como creador y el humano como su criatura, y al hacerlo, podremos entender la cercanía que Dios quiere que la pareja que contrae matrimonio posea.

Si entendemos el propósito de la humanidad, de su relación con Dios, habremos entendido las bases sagradas del vínculo matrimonial y veremos este lazo con ojos de pureza, amor incondicional y profunda unión, tal como lo demostró Dios al crearnos como su obra maestra.

Te invito hoy a meditar sobre tú relación matrimonial, si eres una persona casada; si no lo eres, ora al Señor para que te ayude a prepararte para tan especial unión y encomiéndale desde ya ese compromiso tan especial que has de tomar con la persona que será tu futura(o) compañera(o) en el Señor.




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