Matrimonios

 

 

LAS LEYES DEL MATRIMONIO 11 (Parte 1)

2018-09-05 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 21

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

"Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5: 31-32).

 

Cuando se trata de dar algún consejo u orientación  a alguna pareja, el inconveniente  para ser preciso y acertado es que no todos los casos y las personas son iguales; esto quiere decir que cada caso en particular debería ser tratado por separado, la razón es que lo que le conviene a uno, desestabiliza a otros y hasta los empeora, la dirección más idónea a seguir es: oír el consejo; orar fervorosamente y actuar conforme Dios lo vaya indicando y como se desarrollen las cosas.

 

1.      ¿Cuáles son las verdaderas causas de divorcio?

Según la Biblia, el libro santo y autorizado para tratar este tema tan delicado, la única causa es la infidelidad, o sea la ruptura del contrato de lealtad conyugal. Este acto se llama adulterio. En los días de Cristo, los sacerdotes y todos los guías espirituales aceptaban el divorcio por cualquier insignificancia; pero Jesús apareció para corregir todas las malas interpretaciones de las leyes y ordenanzas divinas. En el Sermón del Monte Jesús dijo:

 

“También fue dicho: cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio” (Mateo 5: 31-32).

 

Hay situaciones cuando la esposa se ve en la penosa necesidad de separarse de su esposo por motivos de seguridad hacia su persona y la de los niños. Esta situación es a causa de un marido que lleva una conducta atrevida y peligrosa, tal como ataques de ira que generan agresión y violencia; abuso de licor y drogas o una tendencia incestuosa. Aunque  este es un motivo valido para una separación; sin embargo muchas esposas cristianas no se sienten calificadas para contraer nuevas nupcias, ellas consideran que lo que cambian es su situación y no su estatus de mujer casada.

 

2.      ¿Conviene confesarle un pecado de infidelidad a su pareja?

La mejor forma de manejar el pecado y la culpabilidad es siguiendo las pautas establecidas en Proverbios 28: 13 “El que encubre sus pecados no prosperará”; “Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia”.

 

Hay ocasiones cuando la confesión de un acto  de infidelidad en este caso, no es la mejor opción. La experiencia ha dicho que tal confesión en vez de ser un motivo de sanidad emocional, se convierte en un mal mayor. En muchísimos casos las condiciones no mejoran, se crea un ambiente mal sano y tóxico.

 

Muchas personas no tienen la debida madurez para escuchar, valorar e interpretar la confesión de un corazón arrepentido del mal que han hecho; tal confesión le haría estallar y exponer el hogar al abandono. Cuando uno de los conyugues sufre por el peso del pecado, Dios le ordena no encubrir su iniquidad sino arrepentirse y no volver a caer en la misma falta. Dios dio este trato a muchos personajes de la Biblia, incluyendo a la mujer adultera quien por ley debía ser apedreada, pero por Jesús recibió otra oportunidad.

 

Por otra parte hay que tener en cuenta que aunque la paga del pecado es la muerte, sin embargo, para salvar a muchos de sus hijos, Dios ha tenido que pasar por alto el pecado de muchos.

 

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Romanos 3: 25)

 

3.      ¿Es la intimidad sexual en el día de reposo y adoración a Dios una conducta impropia y condenable?

Obviamente el día de reposo dado por Dios al hombre es para ser usado no para la satisfacción personal sino para honrar al Creador de todo; son veinticuatro horas de dedicación y crecimiento espiritual. La ordenanza bíblica dice:

 

“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitaras en Jehová; y yo te haré  subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu  padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Isaías 58: 13-14).

 

Aunque el día de reposo no es el día ideal para la satisfacción sexual; sin embargo si por alguna circunstancia llegara a pasar, la pareja no debería sentirse ni sucia ni condenada; a fin de cuentas lo que pasó  no fue la regla cotidiana en el santo día sino una experiencia aislada.

 

Continuaremos con la segunda parte la próxima semana... 




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