Matrimonios

 

 

SEAN UNO COMO DIOS ES UNO 1

2017-06-21 Por: Dr. Efrain Duany Jr. 11

Hoy, quiero compartir contigo la importancia de entender que somos la creación especial de Dios, y somos seres sociales. Dios espera que vivamos conforme a su diseño como un ser humano diferenciado en comunión con Él y con otros, en relaciones en las que se da y se recibe.

Para que podamos tener con un mejor punto de vista, el tipo de relaciones que podemos tener hacia otros seres humanos y Dios, podemos identificar cuatro tipos en la analogía de las relaciones:

En primer lugar, podemos hablar de la forma en que los seres humanos se relacionan con Dios.

En segundo lugar, cómo los seres humanos se relacionan con otros seres humanos;

Tercer lugar, Entonces, cómo Dios se relaciona con los seres humanos; y.

En cuarto lugar, finalmente, cómo Dios a través de Jesucristo como humano, se relaciona con los seres humanos.

Podemos resumir el papel del lugar de Dios en cada relación afirmando -Dios es en sí mismo el que ama eternamente, Aquel que es amado eternamente; Y en esta Trinidad, es la fuente de todas las relaciones.

Por lo tanto, puesto que los seres humanos fuimos creados a imagen de Dios, la vista relacional en la imagen de Dios sugiere que Él creó a Adán y Eva para vivir en relaciones recíprocas y auténticas. Por esta razón, hemos de estar en relaciones en las que todo nuestro ser, el Yo, esté en relación mutua con otro ser humano. Esto supone un auténtico encuentro personal tanto de la singularidad como de la unidad entre tú y tu esposo o esposa. Uno no es dominante; el otro no es inferior. La relación se caracteriza especialmente por la reciprocidad de la comunicación. En general, una relación que refleja la imagen de Dios es una relación caracterizada por la reciprocidad (dar y recibir), y permite que el Yo se conozca más plenamente en el proceso por el otro.

Una práctica particular que se ve con frecuencia en las ceremonias de boda cristianas ilustra este concepto de reciprocidad en el matrimonio. En la ceremonia, las familias de la novia y el novio a veces encienden velas que simbolizan la vida de la novia y el novio. La novia y el novio luego toman sus respectivas velas y al mismo tiempo encienden la vela del otro representando la nueva unidad del matrimonio en el cual se están comprometiendo. Pienso que en esta práctica en la que la novia y el novio apagan sus velas, esencialmente diciendo que son uno y ya no son dos seres separados, carece del concepto de ser uno sin dejar de ser dos. De hecho, el matrimonio no se trata de la abolición de la singularidad de los dos que se convierten en uno, sino de la reciprocidad de dos vidas distintas que manifiesta la imagen de Dios tanto a través de la unidad como de la individualidad.

Yo te invito hoy, a tener en cuenta tu singularidad como esposo o esposa. Eres una criatura especial e individual de Dios, pero también, toma en cuenta el hecho de que eres también uno con tu cónyuge. Pídele a Dios hoy que te ayude a apreciar la individualidad de tu pareja y a hacer que el vínculo que les une se vuelva aún más fuerte, que sea como el vínculo que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Continuará…




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