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TOMA TU CRUZ CADA DÍA

2020-10-01 Por: Pr. Allan Machado 22

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame… Mas lejos esté de mi gloriarme, salvo en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. (Lucas 9: 23 y Gálatas 6: 14)

 

Clarence Jordan, autor de la traducción del Nuevo Testamento “Cotton Patch”, estaba siendo recibido con mucha distinción por el ministro de una iglesia donde había sido invitado a predicar. Con orgullo el ministro le mostró los costosos bancos y las exuberantes decoraciones que adornaban la iglesia. Cuando salieron del santuario, al caer la noche, el ministro apuntó hacia una potente luz que alumbraba una enorme cruz que se elevaba por encima del pináculo del templo. “Solamente esa cruz nos costó diez mil dólares” dijo el ministro con una sonrisa de satisfacción. “Le han robado,” contestó Jordan. “Hubo un tiempo en el que los cristiano las podían obtener de gratis.”

 

Muchos dicen que son discípulos de Cristo, seguidores de Jesús. Empero; ¿Cuáles son las características de un verdadero discípulo de Cristo? A continuación, encontraremos algunas de las marcas del discípulo a la luz de los textos que nos ocupan en este devocional.

 

Niéguese a sí mismo. En otras palabras, el discípulo de Cristo debe renunciar a su propia vida. Esto quiere decir que es humillante admitir que cualquier cosa de la que podamos glorificarnos, adquirida o desarrollada por nuestros propios recursos, es inaceptable para el Señor y debe ser desechada. “Todo lo doy por pérdida, por basura…” (Filipenses 3: 8-9).

 

Toma tu cruz. Cuando Jesús habló de la cruz estaba hablándonos del instrumento más humillante de ejecución en sus días. ¿Qué gloria podía existir en llevar la cruz? De la misma manera al tomar nuestra cruz debemos confesarnos muertos al yo. Aquellos que quieran ser discípulos de Cristo deben tomar la cruz de Cristo como su cruz personal. Al hacer esto admitimos que somos nosotros los que merecíamos morir en aquella cruz. Reconocemos que Jesús tomó la cruz que nos correspondía y murió en nuestro lugar. Fue nuestra cruz la que Jesús llevó, éramos nosotros los condenados a muerte, éramos nosotros los que debimos morir.

 

Gloríate solamente en la cruz de Cristo. Increíblemente, aquellos que creemos en la cruz de Cristo, también creemos que hemos muerto juntamente con Él. “Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado con Él…” (Romanos 6: 6). La muerte de Cristo en la cruz del calvario es la vía de escape de este mundo oscuro y podemos gloriarnos en esta verdad. “Mas lejos esté de mi gloriarme, salvo en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6: 14).

 

“Una religión que ofrece nada, cuesta nada y sufre nada, vale nada” (Martin Lutero)




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