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LA CARNE O EL ESPÍRITU, UNA DECISIÓN CRUCIAL

2019-10-31 Por: Pr. Allan Machado 25

"Porque los que son de la carne, en las cosas de la carne piensan; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente carnal es muerte, pero la mente espiritual, es vida y paz" (Romanos 8: 5-6)

 

“Cuando yo era un muchacho, mi padre, panadero, me introdujo al mundo de la música,” refiere el famoso tenor Luciano Pavarotti. “Él me urgía a ejercitar y desarrollar la voz. Arrigo Pola, un tenor profesional de nuestro pueblo en Modena Italia, me aceptó como su pupilo. Por ese tiempo también me enrolé en la universidad para estudiar magisterio. Cuando me gradué, le pregunté a mi padre, ¿Debo ser maestro o cantante?” “Luciano, contestó mi padre, si tratas de sentarte en dos sillas, terminaras cayéndote al piso por el espacio que existe entre ellas. En las cosas de la vida, necesitas sentarte en una silla.

 

“Yo escogí una. Me tomó siete años de estudio y frustración antes de hacer mi primera presentación profesional. Me tomó otros siete años llegar a la Opera Metropolitana. Y ahora pienso que no importa si decidimos poner ladrillos, escribir un libro, o hacer cualquier otra cosa, debemos entregarnos completamente a ello. Compromiso, esa es la clave, escoger solamente una silla.”

 

La decisión crucial que el cristiano enfrenta diariamente está en determinar si ha de vivir en la carne o en el Espíritu. La diferencia está en decidir vivir una vida basada en nuestros recursos y perspectiva o vivir la vida fundada en Dios, en sus recursos y perspectiva. Porque los que son de la carne, en las cosas de la carne piensan; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu”. Cuando el cristiano se maneja bajo la carne, normalmente piensa “lo que quiero para mi vida” o “lo que puedo logar con mi vida”. Pero cuando el cristiano se maneja bajo el Espíritu, lo que viene a su mente es “¿Qué quiere Dios con mi vida?” o “¿Qué puede logar Dios a través de mi vida?”.

 

Las consecuencias relacionadas con esta decisión son monumentales. “Porque la mente carnal es muerte, pero la mente espiritual, es vida y paz.” Cuando el creyente permite que su mente vaya en la dirección de la carne, sus pensamientos irán hacia el egoísmo (“¿Qué beneficio puedo sacar de esto?”), irán hacia una religión por obras (“¿Qué puedo hacer por Dios?”). El resultado de ambas perspectivas es “muerte” (muerte espiritual). Muy por el contrario, cuando el creyente pone su mente en las cosas del cielo, comenzará a considerar valores divinos como la humildad (“¡qué necesitado estoy de Dios!”), la fe (“¡cuán grade es Dios!”). El resultado de aquellos que desarrollan una mente espiritual es de “vida y paz” (vitalidad y tranquilidad espiritual).

 

También podemos analizar este pasaje contrastando las “obras de la carne” y los “frutos del espíritu”. Cuando el egoísmo toma posesión del hombre, la carne produce: “inmundicia, idolatría, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, desenfrenos, y cosas como estas” (Gálatas 5: 19-21). Sin embargo, cuando depositamos nuestras expectativas en Dios, su Santo Espíritu nos hace producir: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5: 22-23).

 

Consideremos esta verdad fundamental: estas decisiones que tienen que ver con “carne y espíritu” llegan a nuestra vida diariamente. Dios ofrece dos opciones para cada desafío que la vida nos presenta, “de acuerdo con las cosas de la carne” o “de acuerdo con las cosas del Espíritu”. Para tomar la decisión correcta necesitamos estar conectados a la fuente de donde proceden los frutos del Espíritu.

 

Mientras más se asocie el ministro de Cristo con su Maestro, a través de la contemplación de su vida y carácter, mientras más cercano, más se asemejará a Él, y estará mejor cualificado para enseñar sus verdades. Cada rasgo de la vida del gran Ejemplo debe ser estudiado con cuidado, y mantener una conversación íntima con Él a través de la oración de viva fe. Así el carácter humano defectuoso será transformado a la imagen de su glorioso carácter. Así el maestro de la verdad estará preparado para llevar las almas a Cristo. (EGW. La Devoción Personal, MPa 20.3)

 

Que tu oración este día sea: Señor, renuncio a mis tendencias naturales de la carne y con gozo adopto el caminar la senda del Espíritu, donde encuentro los frutos inmerecidos de tu gracia obrando a través de mi vida, Amén.




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