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LA IMAGEN NO LO ES TODO

2019-10-24 Por: Pr. Allan Machado 25

“y sabiendo Jesús que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos y que él había salido de Dios y a Dios iba, se levantó de la cena; se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó con ella. Luego echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.”(Juan 13: 3-5)

La verdadera humildad es difícil de encontrar; sin embargo, Dios se deleita en honrar a los humildes. Booker T. Washington, el renombrado educador afroamericano, fue un ejemplo de humildad. Poco tiempo después de haber sido nombrado presidente del Instituto Tuskegee en Alabama, fue abordado por una dama de la alta sociedad mientras caminaba por un área exclusiva del pueblo. No conociendo al famoso Sr. Washington de vista, le preguntó si le gustaría ganarse unas monedas cortando leña. No teniendo presión de tiempo en ese momento, el profesor Washington se sonrió y procedió a remangarse su camisa dirigiéndose a desempeñar la modesta tarea. Cuando terminó, tomó los pedazos de leña y los puso dentro de la casa al lado de la hoguera. Una joven del vecindario lo reconoció y reveló su identidad a la señora sólo horas después.

A la mañana siguiente la señora muy apenada pidió entrevistarse con el Sr. Washington en su oficina en el Instituto, para ofrecerle disculpas. “Está todo bien, mi querida dama,” expresó Washington. “Ocasionalmente disfruto de un poco de trabajo manual". Además, siempre es un gusto hacer algo por un amigo.” La señora estrechó su mano y le aseguró que su porte respetuoso y actitud humilde le habían ganado el corazón. Poco tiempo después, esta señora mostró su admiración persuadiendo a muchos amigos ricos a que se unieran a ella como donantes del Instituto de Tuskegee.

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… la Luz de la Vida, Omnipotente, Todopoderoso, más allá de lo que la mente humana pueda comprender. Vestirse de luz pura, adornado con gigantescas estrellas no está más allá de su capacidad. Isaías 40 nos dice que Jesús sostiene el universo en la palma de su mano. Levantó a la hija de Jairo y a Lázaro de las garras de la muerte. Sanó a enfermos, a paralíticos, a sordos, a ciegos y a leprosos. Él era la nube y la columna de fuego que protegió a los hebreos en el desierto. Sin embargo, el Verbo se hizo carne y habitó entre los hombres… fue rechazado por aquellos que vino a rescatar. Fue ultrajado, golpeado, injuriado y sentenciado a la muerte sin que en su corazón hubiera aparecido nada que pueda semejarse a pecado.

Ahora, pensemos en esto: El Maestro se humilló tomando la posición de un esclavo para lavarle los pies a sus amigos en ocasión de la última cena, enseñándoles lo que significa liderar a otros. El liderazgo es sacrificio y humildad. Es oración y paciencia cuando trabajamos con adultos que debieran ser maduros pero se comportan como niños. El liderazgo es hacer lo que hay que hacer cuando nadie apoya y cuando a nadie le importa. Significa que hay que seguir trabajando cuando se burlan, cuando nos agreden, cuando inclusive se resisten a nuestra ayuda. Significa que debemos responder al llamado de Jesús cuando nadie responde.

Si Jesús no hubiese demostrado este tipo de liderazgo, no tendríamos la forma de regresar a Dios. Estaríamos perdidos sin salvación, condenados a vivir separados de Dios y sin esperanza.

Que tu oración este día sea: Querido Jesús, gracias por tu demostración de lo que es el verdadero liderazgo. Gracias porque a través de tu humillación encontramos salvación. Ayúdanos a entender que el verdadero liderazgo es sacrificado, humildad, paciencia y tolerancia, Amén.




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