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EL PRECIO DE LA SALVACIÓN

2019-05-23 Por: Pr. Juan Estrada 29

La salvación es la acción más grande del universo, y fue la ejecución del mayor plan de rescate que se haya planeado. Muchas veces es incompresible a la mentalidad humana, nos cuesta entender como Dios, el único ser eterno, fuera capaz de entregar su más preciado tesoro a un mundo corrompido por el pecado, ¿Cómo tuvo la suficiente voluntad de entregar a su Hijo en manos del hombre pecador? Estuvo dispuesto a que su Hijo fuese matado por manos injustas.

Dice Juan 1: 18 “A Dios nadie le ha visto nunca; el Hijo unigénito, que es Dios y que vive en unión íntima con el Padre, nos lo ha dado a conocer.” Desde el nacimiento del Mesías prometido, Dios manifestó con poder la gloria con la cual anunciaba el tiempo exacto del inicio del plan de la salvación, era el momento cuando Dios se hacía hombre, cuando dejo el seno del Padre, cuando se quitó sus ropas majestuosas y pasó a tomar la condición humana, desde allí se empezó a manifestar Dios al hombre, el Mesías príncipe estaba entre nosotros.

Dios estaba poniendo en riesgo la unión entre Él y su Hijo, al tomar la condición de hombre, tomo la semejanza y la vulnerabilidad de los seres humanos, pero a diferencia de nosotros Él no pecó, lo que le hizo perfecto para poder ser aceptado por el Padre como un sacrificio. Porque su misión en este mundo no era abrigarse en los deleites del pecado, sino rescatar y salvar al hombre que estaba en pecado, así lo declara Lucas al escribir “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19: 10).

El destino del Mesías prometido era dar su vida para salvar a otros, el precio del rescate era la vida del unigénito Hijo de Dios, no dudó ni un momento en dar el paso hacia el destino que Él sabía que le esperaba. Tuvo el valor y la capacidad de hacerlo. Lo que le dio el valor para hacerlo fue la relación con su Padre, fue los momentos que paso en oración y entrega completa a la voluntad de Dios, nunca puso sus propios intereses siempre aceptó seguir con el plan de reconquistar lo que había creado a su imagen y semejanza.

El precio de la salvación fue la vida del Hijo de Dios, Jesús murió un viernes de tarde, su cuerpo fue sepultado en una tumba y allí paso a descansar, pero, no para siempre, porque el Padre le llamó y lo levantó glorificado para así darle esperanza a la humanidad.

La esperanza de tu salvación tuvo un costo muy alto, el precio fue la sangre del cordero de Dios; y gracias a esa sangre tú y yo somos salvos.




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