Familia

 

 

LA NORMALIDAD DEL MUNDO 3/4

2020-09-01 Por: Pr. Juan Estrada 30

Jesús sabía que nuestro andar no iba a ser fácil, que el enemigo nos acecharía como un león a su presa, “que no [tendríamos] lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6: 12). Ante todas estas circunstancias el Señor oró a su Padre pidiendo protección para tu familia. Nuestra familia no es igual a las otras, la vida de cada miembro de tu familia ha sido comprada con el precio más del alto del universo, por lo tanto, no pueden vivir la normalidad del mundo, cada uno tiene que ser diferente, atrévanse a llamar al pecado por su nombre, no hay nada que temer porque el Señor está contigo y Él se ha convertido en tu fortaleza.

Para fortalecer tu esperanza y la de los tuyos sigan el consejo del Señor, “vestir la armadura de Dios”. El Señor inspiró al apóstol Pablo, para que dejara escrito: “pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza” (Efesios 6: 13). Esta armadura consiste en vestirnos de forma simbólica como un traje que protege contra las asechanzas del enemigo; pero hay un concepto importante dentro de esta alegoría, no solo consiste en vestirla, sino que también hay que vivirla. No podemos llamarnos seguidores de Jesús, si sólo conocemos conceptos de Dios, tenemos que orar más, meditar más en su palabra, reconocer su poder restaurador, confesar nuestros pecados, amar a nuestro prójimo y aprender a amar a Dios sobre todas las cosas.

Hay un himno que su letra dice: “Haz que nazcan en mí la fe Señor, para siempre en ti confiar.  A la fe añádele buen Jesús, la esperanza y el amor.” Tenemos que pedirle de forma continua al Señor que nos ayude a perseverar en la fe, que cada día, está vaya siendo más práctica y que nos ayude a crecer emocional y espiritualmente, para el día cuando Él regrese, podamos recibirle con las manos alzadas y decir es nuestro Dios y nos salvará. Este debe ser el fin de nuestra esperanza como familia.

Continuará…




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