Familia

 

 

BUSCANDO LA PAZ EN LAS RELACIONES PERSONALES 4/4

2020-06-02 Por: Autorización de Jóvenes Cristianos.com 25

5.- Las palabras fruto de la ira apenas tienen valor.

Este es un punto importante: cuando uno está muy enojado, las palabras no expresan lo que de verdad hay en su corazón o en su mente, sino sólo el sentimiento de ira del momento. Es un hecho conocido que la ira ofusca la mente, obceca hasta la enajenación en casos extremos. Esta realidad es bien conocida por jueces y psicólogos. Por consiguiente, la creencia popular de que “cuando uno está enfadado dice lo que de verdad lleva dentro” es errónea y de consecuencias nefastas, porque se suele hacer un “museo” con estas desdichadas palabras que se guardan durante años. Nunca prestes demasiada atención a las palabras dichas en medio de una pelea.

6.- Busca la paz, no que te den la razón.

Muchas personas se acercan al otro después de una discusión con un enfoque judicial. Aun sin darse cuenta, lo que buscan es que se les dé la razón o que se les desagravie. Si surge la disculpa o la petición de perdón, tanto mejor, pero ello no siempre es posible porque en muchos motivos de discusión, más de los que imaginamos, ambos tienen su parte de razón. Simplemente ven las cosas desde puntos de vista diferentes. Una realidad universal es que no todos vemos la misma realidad de igual manera. En estos casos es importante ponerse de acuerdo en que están en desacuerdo. De ahí nuestra última sugerencia.

7.- Escucha de verdad y ponte en el lugar del otro.

¿Por qué digo escucha “de verdad”? La inmensa mayoría de veces, en medio de un enfado, lo máximo que hacemos es oír al otro, pero raras veces le escuchamos. Escuchar implica un esfuerzo por entender sus reacciones, ¿Por qué habrá dicho o hecho tal cosa, qué razones o explicaciones puedo encontrar a su forma de actuar? Cuando este esfuerzo es mutuo, la paz viene sola.

A pesar de todo ello, no siempre es posible “ventilar el tema” el mismo día, antes de acostarse. A veces, incluso es preferible no hacerlo porque alguna de las dos partes está muy encendida y el fuego puede volver a avivarse si retoman el asunto demasiado pronto. Ya sea por razones de temperamento o por la naturaleza del problema en cuestión, en ocasiones es mejor “dormir sobre el asunto”, dejarlo enfriar.

En este caso, lo ideal es intentar hablar de nuevo al cabo de uno o dos días. Muchas veces descubrirán con sorpresa que ya no necesitan hacerlo porque el problema no les afecta tanto. ¿Qué ha ocurrido? Al apagarse el enojo, el problema motivo de la discusión ha quedado reducido a su tamaño real, mucho menor del que parecía tener horas antes. Sí, los sentimientos negativos, en este caso la ira (ocurre también con la ansiedad, la tristeza y otros sentimientos) siempre nos hacen ver los problemas mucho mayores de lo que en realidad son.

Estas sugerencias son como semillas. Su siembra paciente, realizada con humildad y espíritu de oración, es terreno bien abonado para que el Señor de nuestras relaciones las haga fructificar. Puede llevar su tiempo, como toda siembra, pero no te desanimes porque hay alguien aún más interesado que tú en derribar muros de separación: el Señor Jesús, cuyo ejemplo nos inspira y cuya gracia nos fortalece en la debilidad.

Autor: Dr. Pablo Martínez Vila

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