Familia

 

 

BUSCANDO LA PAZ EN LAS RELACIONES PERSONALES 2/4

2020-05-19 Por: Autorización de Jóvenes Cristianos.com 32

La puesta en práctica: Pasos hacia la paz

Vamos de nuevo a buscar la base bíblica, fuente de nuestra instrucción, para abordar este punto crucial. Seguimos con Pablo, esta vez en Romanos 12, capítulo antológico en el que se nos muestra cómo las nuevas relaciones de aquel que ha nacido de nuevo deben estar marcadas también por actitudes nuevas, algunas de ellas verdaderamente revolucionarias:

“No paguéis a nadie mal por mal... Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12: 17-21).

Un paso previo: evitar la venganza. “No os venguéis. Vence con el bien el mal”.

El paso inicial para la reconciliación es el autocontrol que nos permite detener nuestro impulso natural de devolver mal por mal. Esta actitud, tan arraigada en el corazón humano, es venganza. No debemos limitar el concepto de venganza a sus formas más graves como la violencia planificada o el homicidio. Estas formas extremas sólo se ven en casos excepcionales.

La venganza puede ser mucho más sutil. De hecho, es una reacción casi espontánea de nuestra naturaleza caída. La observamos incluso en los niños: “¡Cuándo te coja!” o “me las pagarás” son frases bastante habituales en el vocabulario infantil. En sus formas “menores” todos hemos caído alguna vez en la venganza, que es -en esencia- devolver mal por mal.

Esta reacción es un obstáculo para restaurar una relación. Si quieres la paz, no te dejes dominar por tu ego ofendido o tu dignidad herida. Ciertamente no es nada fácil. Nuestro primer impulso es: “Sus palabras (actos) me han hecho mucho daño y esto no lo olvidaré nunca”. Esta reacción es comprensible en un primer momento porque expresa el dolor de una herida; pero enseguida debe dar lugar al dominio propio, a evitar la “explosión”. La palabra de Dios está llena de consejos al respecto, en especial en el libro de Proverbios.

El necio al punto da a conocer su ira; más el que no hace caso de la injuria es prudente» (Proverbios 12: 16); “El que fácilmente se enoja hará locuras” (Proverbios 14: 17); “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa» (Proverbios 19: 11).

Este dominio propio que no se deja arrastrar por la venganza y que auto controla las explosiones de ira aun cuando tiene razón no es de origen humano sino divino. Para conseguirlo no bastan nuestros esfuerzos o una férrea voluntad; es sobrenatural porque viene de Dios (2 Timoteo 1: 7) y es una parte del fruto del Espíritu. No se nos pide, por tanto, luchar con nuestras propias fuerzas, sino con la ayuda poderosa del Señor Jesús, ejemplo supremo de persona “mansa y humilde” quien fue ofendido y humillado mucho más de lo que puede serlo cualquiera de nosotros (recordemos, por ejemplo, Isaías 53).

Evitar la venganza supone también renunciar a toda actitud o conducta destructiva, sobre todo de formas aparentemente inocuas, como la indiferencia.

Frases como: “Para mí esta persona ha muerto” son formas de venganza impropias del cristiano. Del escritor irlandés G. Bernard Shaw son estas palabras que podemos hacer nuestras: “El peor pecado contra el prójimo no es odiarle, sino mostrarle indiferencia”.

Una de las experiencias más tristes que recuerdo de mi vida profesional como psiquiatra es un juicio al que tuve que asistir en calidad de perito. Una pareja cristiana se había separado y luchaba por la custodia de sus hijos. Nunca olvidaré el día de la visita, cuando los ex esposos tuvieron que verse las caras: las acusaciones, las calumnias y, sobre todo, el odio que podía leer en sus ojos me produjeron una memorable impresión. ¿Cómo es posible que dos personas, supuestamente cristianas, que un día se amaron y se prometieron fidelidad eterna, lleguen a odiarse tanto? ¡Cuán cierto es que en todas las guerras sólo hay perdedores y derrotas! 

Continuará…

Autor: Dr. Pablo Martínez Vila

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