Familia

 

 

EL CRISTIANO FRENTE A LOS CELOS 1/2

2020-04-28 Por: Autorización de Jóvenes Cristianos.com 27

Marina ya perdió la cuenta de las discusiones que ha sostenido con su esposo por culpa de los celos.

 

Se trata de un hombre trabajador, honrado, con un inigualable sentido del humor y un espíritu de solidaridad que aflora cuando alguien necesita ayuda.    Pero es celoso.

 

Él lo admite. “Quiero cambiar” ha confesado muchas veces. Pero teme que intentarlo otra vez se convierta en un nuevo fracaso aun cuando sabe que la salida a su crisis está en Jesucristo.


Un fenómeno de nuestro tiempo


Una encuesta realizada hace poco entre 641 parejas jóvenes en Norteamérica, reveló que el 33% han sentido algún grado de celos y, el 46% lo atribuyó a una consecuencia lógica del amor.


Nos identificamos en un hecho:


Todos los seres humanos en mayor o menor grado sentimos celos. El problema estriba en que no se puedan controlar y desencadenen reacciones que minan la relación, bien de pareja, en la relación hijos-padres o con personas próximas.


Los expertos coinciden en asegurar que tienen origen en por lo menos tres factores:

 

·  Baja autoestima.

 

·  Inseguridad

 

·  Un errado supuesto de que la persona que nos acompaña—en el caso de la pareja—es de nuestra propiedad y nos pertenece cada uno de sus instantes.

                    

Generalmente traen consecuencias impredecibles porque el cónyuge termina por cansarse de discutir por el mismo asunto.


Los celos tocan nuestras emociones


Sin duda, los celos han estado latentes desde el comienzo mismo del género humano.

Los apreciamos en la actitud de Caín cuando se enteró que su ofrenda delante de Dios no tuvo el recibo que la realizada por su hermano. “Tiempo después, Caín presentó al Señor una ofrenda del fruto de la tierra... pero no miró así a Caín ni a su ofrenda. Por eso Caín se enfureció y andaba cabizbajo.” (Génesis 4: 3-5. Nueva Versión Internacional).


En Caín se produjo una reacción airada acompañada del desánimo, evidenciando desde ese mismo instante la forma como los celos tocan directamente nuestras emociones.


Hace pocos días un caso conmovió el sur occidente de Colombia.

 

Lo protagonizó un joven de veinte años quien, enloquecido por los celos, golpeó a su novia hasta dejarla en estado de coma. La chica murió dos días después. Cuando lo retuvieron, se limitó a explicar que “De pronto sentí que mi dignidad era vulnerada. Algo dentro de mi llevó a que interpretara sus relaciones amistosas como una evidente relación de infidelidad. Tarde comprendo que estaba equivocado”. Su arrepentimiento se produjo cuando los celos habían desencadenado un verdadero drama humano.

 

Los padres también provocan celos


Con frecuencia la inclinación de los padres hacia uno de sus hijos, alimentan resentimientos, estimulan celos y siembran la discordia para un desmoronamiento de las relaciones en el futuro.

 

La unidad familiar termina por ser socavada. Puede que lo hagamos de manera inconsciente, pero las consecuencias afloran en cualquier momento.


Si volvemos la mirada a la historia de Israel, encontramos en Isaac y su esposa Rebeca dos progenitores que tipifican esta situación común en muchos hogares. El registro Escritural señala que “Los niños crecieron. Esaú era un hombre de campo y se convirtió en un excelente cazador, mientras que Jacob era un hombre tranquilo que prefería quedarse en el campamento. Isaac quería más a Esaú, porque le gustaba comer de lo que él cazaba; pero Rebeca quería más a Jacob.” (Génesis 25: 27-28. Nueva Versión Internacional).

 

Es evidente que estaban sembrando la discordia que toma fuerza con el paso de los años entre los dos hermanos.


Continuará…


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Autor
Autorización de Jóvenes Cristianos.com

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