Familia

 

 

ROMPIENDO LAS LEYES DE LA HERENCIA 4/5

2019-04-02 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 27

Sembraron vientos y cosecharán tempestades (Oseas 8: 7 NVI)

Todos hemos sido diseñados genéticamente por Dios, a partir de nosotros los originales, por lo menos salen tres copias exactas o mejores que nosotros. Entre los padres y los hijos existe un papel carbón que facilita la copia, entre los padres y los nietos existe otro papel carbón, ya es una segunda copia, entre los padres y los bisnietos hay un tercer papel carbón, que hace posible la copia.

Esos tres papeles carbones, fueron descubiertos en 1866 por un biólogo jesuita llamado Juan Gregorio Mendel; descubrió que existían las leyes de la herencia entre la segunda, la tercera y cuarta generación suficiente para sacar copias humanas. Todos los seres humanos estamos suscritos a las marcas familiares. En forma de ilustración podemos decir que cuando una mujer está embarazada, se les trasmiten en su desarrollo fetal las marcas y herencias de ambas familias y al nacer tiene las características de ambos, desde los ojos, la nariz, los lunares, la espina dorsal, la planta del pie, la fisonomía, la forma de caminar, de sentarse, de hablar y muchas características más, es increíble como tiene todas las características del padre y la madre.

La primera copia incluye todas las marcas físicas, los rasgos de carácter, también incluyen las inclinaciones, tendencias, las virtudes, las capacidades y los dones.

Un rasgo muy marcado es el carácter que se prolonga hasta la cuarta generación y se van haciendo más fuerte al pasar a la siguiente generación.

Veamos un ejemplo bíblico de las leyes de la herencia, en el caso de Abraham, la biblia nos dice que   sucedió lo siguiente: Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti” (Génesis 11: 12). Otro texto dice “Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara” (Génesis 20: 2). A Abraham le falto la fe en el Señor en dos momentos de su vida aparentemente difíciles.

En la misma ciudad de Gerar sucedió un caso similar al de Abraham; Habitó, pues, Isaac en Gerar. Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto” (Génesis 26: 6-7). Isaac era la primera copia exacta y actuó igual que su padre ante la misma situación, usando la mentira para librarse.

La segunda copia es Jacob, quien se vistió como su hermano y se hizo pasar por él, para engañar a su padre y que le diera la bendición (Génesis 27). En la segunda copia la mentira es más descarada, más compulsiva y se añadió la alevosía, predeterminación y profanación. Aquí se cumple otro principio bíblico: Sembraron vientos y cosecharán tempestades” (Oseas 8: 7 NVI).

Abraham comenzó diciendo mentira, la primera generación continúo usando la mentira, a partir de la segunda generación las cosas se van complican más.

En el caso de la tercera generación, vemos que Jacob tenía sus hijos, eran una pandilla de pillos bien organizados, eran asesinos en potencia, vemos en la historia que pensaron en matar a su hermano José, pero su hermano Rubén intervino y le quitaron sus ropas y lo vendieron; le llevaron la ropa de José a su padre y le mintieron diciendo que había sido asesinado por una fiera del campo, mantuvieron la mentira durante muchos años (Génesis 37).

Lo que comenzó como una mentira con el bisabuelo Abraham y lo que continuó siendo una mentira con Isaac y así sucesivamente vemos una tercera copia, donde los rasgos de carácter van cogiendo fuerza. En la tercera copia no solo está la mentira, se le agrega el intento de asesinato. Vemos como el pecado coge fuerza de una generación a otra.

Que Dios te bendiga




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