Familia

 

 

ROMPIENDO LAS LEYES DE LA HERENCIA 2/5

2019-03-19 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 31

Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará(Gálatas 6: 7)

Primer caso de ilustración.

En 1890 había un predicador que tenía por nombre Jonathan Edward, hijo de un ministro consagrado al evangelio y su madre era fervorosa predicadora del este. Cuando  Jonathan Edward decidió que era el momento de casarse,  puso a Dios en primer lugar. En sus oraciones él le decía al Señor, que nunca se casaría, si el Espíritu Santo le indicara de alguna manera que era la persona correcta, él oraba y ayunaba para que su matrimonio tuviera la bendición del Señor.

Fue en la iglesia, que conoció a la señorita con quien finalmente se casó.

La descendencia de este matrimonio fue grandemente bendecida por Dios, entre ellos se contaban quince rectores de universidad, cien catedráticos de universidades, más de cien abogados de los cuales treinta llegaron a ser jueces, sesenta médicos y más de doscientos cincuenta predicadores del evangelio y sesenta escritores cristianos.

Cuando se ponen las cosas en las manos de Dios,  todo va bien. En el matrimonio de Jonathan Edward, se confirma lo que dice la Biblia Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Salmos 127: 1); “Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová.” (Salmos 128: 1, 3-4). Podemos ver en Jonathan Edward la bendición del Señor.

Segundo caso de ilustración.

En 1770, el Sr. Humphrey Jones cuando tuvo edad unirse en matrimonio, tomó como elección a  la primera mujer que fue de su agrado;  él nunca busco consejo de su padre, ni de nadie, se creyó autosuficiente para decidir por sí mismo. La chica que eligió era de mala reputación. Ellos nunca fueron amigos del trabajo honesto. Todos sus descendientes fueron personas problemáticas, conflictivas e inadaptables socialmente. Al estado de Nueva York le costó más de un millón de dólares cubrir todos los gastos de los desastres ocasionados por sus descendientes.

Se hizo un estudio de 1260 descendientes; 300 llegaron a ser mendigos habituales   -nunca les gusto el trabajo, vivían de la caridad-, 440 se destruyeron físicamente a través de los vicios -alcohol y drogas-, 60 ladrones, 130 criminales convictos, 55 cayeron en el incesto y la prostitución. Del total de los descendientes de la familia Humphrey, solo 20 aprendieron un oficio, pero en la cárcel, siete llegaron a ser asesinos.

Con esta familia se confirma otro principio bíblico, Pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6: 7).

Que Dios te bendiga.

Continuará…




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