Familia

 

 

ROMPIENDO LAS LEYES DE LA HERENCIA 1/5

2019-03-12 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 28

"No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos" (Éxodo 20: 4-6).

Quiero hacer énfasis en la última parte del versículo 5 que dice que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos”.

No podemos ocultar, ni ignorar que el matrimonio tiene proyecciones hacia el futuro en la primera, la segunda y la tercera generación. Todo matrimonio deja sus huellas en lo social, cultural, étnico, biológico, genético, lo físico y mucho más. Después de la unión trae proyecciones a las generaciones futuras.

El matrimonio tiene que hacerse con mucha solemnidad, porque el matrimonio es santificado por Dios, dejando huella para las generaciones descendientes. Todo matrimonio que se realiza con la aprobación de Dios, siempre va ser un matrimonio que gozará de amor, armonía, felicidad y de estabilidad. Si la pareja se preocupa por cumplir los mandatos divinos en todos los actos de su vida, dentro y  fuera del matrimonio, tendrán  siempre un matrimonio estable; este matrimonio gozará  la bendición de tener la asistencia de los ángeles del Señor.

Un matrimonio no es aprobado por Dios, cuando se realiza de forma imprudente, ya sea llevado por una pasión carnal, por una conveniencia económica, por cumplir socialmente. Generalmente a este tipo de unión que no fue realizado por amor, casi siempre tendrán como consecuencias  lágrimas,  amarguras, reproches,  malos momentos, siempre serán matrimonios desdichados y destinados al fracaso.

Cuando un matrimonio se hace con la bendición de Dios, hay prosperidad espiritual, económica y física; si se hace con la bendición de Dios nunca nos va a faltar la felicidad.

Que Dios te bendiga.

Continuará…




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