Familia

 

 

FAMILIA

2018-03-27 Por: Pr. Juan Estrada 20

Ya han pasado los años cuando las familias eran muy numerosas, familias que estaban formadas por doce, quince, veinte o más hijos. Las familias de esos tiempos sí que eran numerosas. A diferencia de nuestros días, vemos familias muy pequeñas, desde las monoparentales (un padre o madre con un hijo), o familias con un solo hijo o familias con dos hijos. Actualmente muchas parejas piensan mucho el número de hijos que quieren tener, unos piensan en uno o dos y un tercero no se contempla en el plan familiar.

Los padres tienen que planear ciertos aspectos importantes, por ejemplo, el tipo de educación que les darán a sus hijos, su formación y la atención que se les brindará. Muchos padres desatienden a sus hijos y no cumplen con la responsabilidad de dedicarles tiempo. La madre cumple un papel muy importante, ya que se debe tener en cuenta la salud de ella y las fuerzas necesarias para cuidar a su pequeño durante los primeros años de vida -responsabilidad que comparte con el padre-.

Es verdad que Dios le dio a la pareja la potestad de traer hijos a este mundo, pero Dios quiere también que los padres sean racionales y que entiendan que cada uno de los hijos debe recibir una educación en al hogar, enseñarle a cumplir con sus responsabilidades, enseñarle la importancia de los valores, el trato hacia los demás y sobre todo enseñarle sobre el amor y el temor al Señor; esta responsabilidad es para ambos, ya que ellos darán cuenta a Dios sobre los hijos.

No sólo se tiene que pensar en ciertos asuntos, sobre elegir el tamaño de la familia, sino también en la economía de la familia, antes se decía que donde comen cinco, pueden comer seis, actualmente esta frase es muy difícil de cumplirla, pues la economía de muchas parejas no tiene la estabilidad necesaria.

El Señor sabe que un hijo en el hogar es una alegría, pero también quiere que seamos conscientes y que tengamos hijos que sean felices y que estén preparados para enfrentarse a este mundo y sobre todo al venidero. Tu familia debe ser del tamaño de acuerdo a tu capacidad de cuidarlos y mantenerlos.

Los hijos son la mayor bendición que los padres pueden recibir: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre.” (Salmos 127: 3), el Señor entrega a los padres los hijos como la herencia más preciosa que ÉL puede regalar a sus propios hijos, por lo tanto “Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; Sobre vosotros y sobre vuestros hijos.” (Salmos 115: 14). El Señor nos da la bendición de ser padres y nos regala muchas más cuando son educados para honrar a Dios.

Que tus hijos puedan crecer en estatura, en entendimiento y en sabiduría para con el Señor y los hombres que “sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, nuestras hijas como esquinas labradas como las de un palacio” (Salmos 144: 12). “Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas.” (Salmos 36: 7).  El Señor cuidará de los hijos como cuida también de ti, y que la mejor bendición sea para todas aquellas madres que el Señor les dio la oportunidad de serlo, para ellas este texto: “Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa” (Salmos 128: 3).

Que el Señor les ayude a elegir sabiamente el tamaño de tu familia.




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