Familia

 

 

DISCIPLINA PRÁCTICA

2018-03-13 Por: Pr. Juan Estrada 18

La semana pasada aprendimos que la disciplina ejerce como motor en la educación en valores y principios y que cuando se lucha en contra de ellos hay consecuencias. Quizá alguno se pregunte, ¿Cómo puedo empezar a aplicar la disciplina en mis hijos?

Lo primero que se debe hacer, es empezar a cambiar nuestra mentalidad y aprender a entender bien los conceptos, muchos de los padres actuales fuimos educados de una forma distinta, donde los gritos, los insultos, el maltrato y los golpes eran la fuente de la corrección, muchas de estas acciones eran el concepto erróneo de disciplina. Esa mentalidad debe quedar afuera, debemos entender el verdadero significado de la disciplina la cual actúa como mentor en la enseñanza de valores y cuando se va en contracorriente muchas veces traen consecuencias.

Debemos empezar a aplicarla desde muy temprano, en pareja razonen y piensen como debería ser la educación que le darán a sus hijos; y estas deben ser aplicadas desde el momento cuando ellos empiezan a entender y comprender lo que se les dice. Comience enseñando la importancia de la obediencia, puede usar historias seculares o bíblicas como ejemplos prácticos, y enséñeles cuales fueron las consecuencias por haber sido obedientes.

Conforme va creciendo el pequeño, y ha entendido de forma clara el concepto de obediencia, enséñele la importancia de razonar lo que ha aprendido, el porqué es importante ser obediente, ser ordenado, etc., que el pequeño entienda la razón de las cosas que ha aprendido, recuerde que los niños no son pequeños robots que se tienen que programar. Ellos deben analizar y ver las consecuencias de todo cuanto diga y haga.

Lo segundo que se debe hacer es ser constante, muchas veces en casa se ponen reglas o normas para todos, estas normas no deberían ser rígidas e inflexibles, cuidado los padres con romperlas, esa acción crea en los hijos dudas respecto a la obediencia de las normas de la familia. Es por eso que la constancia ayudará a fortalecer los principios, los valores y la educación que se le enseña a los hijos, esto evitará crear la pregunta ¿Y por qué yo tengo que cumplirla y mi hermano mayor no?

El tercer punto, consiste en fortalecer aquellos comportamientos deseados. Una de las formas para fortalecer un punto es a través de la premiación, premiar por aquello que se ha hecho bien, dará la seguridad de que se podrá hacer mejor, pero hay que tener cuidado de convertirlo en constante, porque puede convertirse en un mal, porque se querrá hacer algo mejor, para recibir algo mejor.

El último punto, consiste en corregir lo que va mal, como el comportamiento. Recuerde que el castigo no es la manera correcta de disciplinar. Se debe empezar con la comunicación, hablar sobre lo sucedido, buscar una solución pacífica que beneficie a ambos, teniendo en cuenta que habrá consecuencias, y que estas no son para humillar sino para mejorar el error, recuerde que las consecuencias, pueden ser la restricción de ciertos privilegios.

Recuerde que, si hay que corregir se debe hacer en privado, sin desmoralizar, sin golpes, sin humillar, sino que hay que buscar un rescate y una restauración.

Para este tema el consejo bíblico nos dice en Mateo 5: 37 “Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno (NVI).” El texto nos dirige hacia la importancia de realizar lo que hemos planeado, si creemos que es lo correcto, proseguir con toda la certeza, si no es mejor dejarlo o cambiarlo.

Que sea el Señor quien les ayude a poner en práctica estos pasos en tu familia.




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