Familia

 

 

LA NORMALIDAD DEL MUNDO 4 / 4

2020-09-08 Por: Pr. Juan Estrada 36

La vida del cristiano no debe ser teórica debe ser otra realidad, debe ser práctica. Convivimos a diario con personas que piensan distinto a nosotros, es verdad que no es fácil ser cristiano en un mundo contaminado por el pecado. Cada día somos criticados por nuestra fe. Muchos ven la religión como una espina del mundo moderno, el enemigo busca la manera de destruir lo que Dios ha hecho, ha creado alternativas a lo sagrado, ha puesto en la mente de las personas la idea de un Dios que es injusto. Pero ¿cómo podemos cambiar esa perspectiva del mundo hacia a la fe?

Tenemos que enfrentar al mundo, y enseñarles que los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Sólo Dios es la esperanza para un mundo de dolor, el mundo tiene que conocer la verdad, aquella que da libertad. Tienen que saber que sólo Dios puede cambiar el corazón. El Señor nos ha llamado y nos justificado ante el Padre, y hemos aprendido que “si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8: 31). El mundo no tiene la capacidad para juzgarnos, porque nosotros hemos sido justificados delante de Dios.

Pablo lo escribió: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? […] Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8: 35, 37-39).

Conclusión

La aparente normalidad el mundo no debe ser nuestra normalidad, nuestra familia vive aquí y tiene que enfrentarse a los retos de una sociedad, pero recordemos que no somos de aquí, en este mundo sólo estamos de paso, porque nuestro destino final es la patria celestial y nos espera un hogar que el Señor ha ido a preparar, esa debe ser nuestra esperanza y debe ser fortalecida cada día.

Es momento de volver a empezar, la decisión está en nuestras manos. Recuerda: nada ni nadie te puede separar del amor de Cristo Jesús.




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