Estudios biblicos

 

 

LOS SANTOS 1/7

2016-11-21 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 14

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos  y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso” (Efesios 1: 1)

 

¿Quiénes son los santos?, ¿Dónde están?, ¿Se pueden comunicar con nosotros los vivos? ¿Podemos confiar en ellos?, ¿Puede una Iglesia declarar santo a una persona?

 

Cuando estudiamos el asunto de los santos, lo primero que debemos hacer es definir y aclarar ¿quiénes son los santos? Por supuesto, la Santa Biblia es la única fuente segura y con autoridad para respondernos esta pregunta.

 

Según lo aclara la Biblia, los santos son todas aquellas personas que al arrepentirse de todos sus pecados, son perdonados y comienzan una nueva vida comprometida con Jesús y sus enseñanzas. "Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien lo llamó; pues está escrito: "Sean santos, porque yo soy santo" (1a Pedro 1: 15-16).

 

Todo creyente y seguidor de Jesús es un santo. Santo es el que obedece y guarda cada día las ordenanzas de Jesús.

 

Santo es el que cada día lucha y vence sus pasiones y tendencias impropias.

 

San Pablo en muchas de sus epístolas al referirse a los que ya habían creído en Jesús y eran miembros de la Iglesia, les dio el título de santos.

 

Ejemplos:   

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos  y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso” (Efesios 1:1)

 

Esto significa que todos los miembros vivos de la Iglesia de Éfeso debían llamarse santos, porque creían y obedecían a Jesús.

 

Lo mismo hizo el apóstol Pablo con los cristianos de Filipo: al escribirle a la Iglesia dijo: “…  a todos  los santos  en  Cristo  Jesús  que  están  en Filipos…”. (Filipenses 1:1).

 

En el Nuevo Testamento, sin ninguna excepción, cada persona que creía y obedecía a Jesús era llamada y considerada santa.

 

Así que los cristianos de Roma, de Corinto, de Tesalónica, de Galacia, etc., todos eran llamados santos. La Iglesia era la reunión de los santos.

 

Ahora, el concepto de santo va a cambiar drásticamente durante la Edad Media, y la razón de este cambio es porque durante la Edad Media se le quitó al mundo la Santa Biblia para así poder cambiar muchos conceptos, principios y leyes establecidas eternamente por Dios.

 

En la Edad Media muchos principios sagrados de la Santa Biblia fueron reemplazados por dogmas humanos, tradiciones sin sentido y doctrinas sin fundamentos bíblicos.

 

Ahora un santo no es como lo dice la Biblia, uno que cree y obedece las enseñanzas de Jesús, sino una persona muerta que en vida fue un mártir, una persona buena, caritativa,  devota y que se le haya comprobado algún milagro.

 

Un santo debe ser declarado santo por la Iglesia sólo después de muerto. La Biblia dice todo lo contrario, una persona llega a ser santo estando vivo y sirviendo a Dios.

 

La Iglesia dice y exige que para que alguien sea declarado santo debe cumplir dos requisitos:

  1. Debe estar muerto, y
  2. Estando muerto debe hacer un milagro.

 

Estos dos requisitos son altísimamente peligrosos, porque son los mismos requisitos y principios que sirven de base para el espiritismo. Dios nos dice en su palabra: “… ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la Ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8: 19-20)

 

Aquellos que no  conocen bien la Biblia, se le ha enseñado, que a los que son considerados santos y que están muertos, hay que venerarlos, hay que rezarles, pedirles milagros, pedirles favores, encomendarse a ellos y depender de ellos. Sin embargo, esto está muy lejos de la verdad, Dios lo condena y lo castiga por ser una práctica contra sus mandatos, su palabra nos dice: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya;  y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés 9: 5-6)




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