Estudios biblicos

 

 

MIRA A LOS DEMÁS CON LA VENTANA DE JESUCRISTO

2019-04-01 Por: Pr. Saúl Kepler Álvarez Domínguez 26

“La obra de juzgar a su hermano no ha sido encomendada a ningún hombre: ‘No juzguéis’, dice el Salvador, ‘para que no seáis juzgados, porque... con la medida con que medís, os será medido”. (Mateo 7: 1-2)

Quien toma sobre sí el trabajo de juzgar y criticar a otros, se expone a sí mismo para que lo juzguen y critiquen en la misma medida. Los que están listos para condenar a sus hermanos, harían bien en que examinaran sus propias obras y carácter. Hecho honestamente un examen de esta clase, revelará que ellos también tienen defectos de carácter, y que han cometido graves desatinos en su trabajo. Si el gran Juez los tratara como ellos tratan a sus compañeros, lo considerarían falto de bondad y misericordia”. L. C. Pág. 86.

Una pareja de recién casados, se mudó para un barrio muy tranquilo.

En la primera mañana en la casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana, que una vecina colgaba sábanas en el tendedero.

¡Qué sábanas tan sucias cuelga la vecina en el tendedero…! Quizás necesita un jabón nuevo… ¡Ojalá pudiera ayudarla a lavar las sábanas!

El marido miró y quedó callado. Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina tendía sus ropas al sol y el viento.

Al mes, la mujer se sorprendió al ver a la vecina tendiendo las sábanas limpiecitas, y dijo al marido: ¡Mira, ella aprendió a lavar la ropa!

¿Le enseñaría otra vecina?

El marido le respondió: ¡No, hoy me levanté más temprano y lavé los vidrios de nuestra ventana!

“Y ¿por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano’—pregunta el Salvador—, ‘y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O como dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano! (Mateo 7: 3-5).

En realidad, todo depende de la limpieza de nuestra ventana a través de la cual observamos los hechos de los demás. Si nuestra ventana interior está sucia, todo lo veremos en forma negativa y despreciaremos a los demás por sus acciones aunque ellas sean buenas.

Limpiemos las ventanas de nuestra vida antes de mirar a los demás, digámosle a Jesús: “Señor limpia mi vida con tu sangre preciosa, permítete mirarme a mí mismo y reconocer que me hace falta cambiar y a mirar a los demás con amor, cómo tú siempre lo hiciste”.




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