Estudios biblicos

 

 

POR EL ESPÍRITU, NO LA LETRA

2019-03-25 Por: Pr. Allan Machado 31

"Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un  nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica"   (2 Corintios. 3: 4-6)

 

Hace algún tiempo leí el anuncio de un producto que ofrecía la mezcla instantánea de harina y otros ingredientes que servía como base para hornear dulces, pasteles y galletas. Las instrucciones aclaraban que solamente había que agregar agua a la mezcla. El producto terminó siendo un fracaso. La compañía no podía entender por qué un producto tan bueno y práctico no se estaba vendiendo. Las encuestas exploratorias arrojaron que el público se sintió escéptico con la idea de que la mezcla solamente necesitase agua. Aparentemente la gente pensó que era muy fácil. La compañía alteró la formula y cambió las instrucciones requiriendo que un huevo fuese añadido a la mezcla en adición del agua. La idea funcionó y las ventas subieron considerablemente.

 

Esto nos hace pensar en la forma que muchos reaccionan al plan de salvación. Muchos enfatizamos la letra obviando el poder del Santo Espíritu. La suficiencia de Cristo suena algo muy fácil y sencillo para ser verdad. Sentimos que hay algo que tenemos que hacer, algo que agregar a la “receta” de la salvación. Algunos de nosotros pensamos que necesitamos hacer buenas obras para ganar el favor de Dios y la vida eterna. Los fariseos creían lo mismo; sin embargo, todos aquellos que tuvieron al valor de venir a Jesús lo hicieron buscando algo que no tenían. No era por la letra, sino por el espíritu. ¡Cuidado! muchos de nosotros tenemos un fariseo incrustado en el corazón.

 

La “letra versus el Espíritu” es otra forma de contrastar el vivir enfatizando reglas y tradiciones o el vivir por el Espíritu. Aquí está la decisión que determina si estamos funcionando basados en nuestra suficiencia o en la suficiencia que llega solamente de Dios. Una vida que se desarrolla en la letra está constituida sobre ritos y tradiciones. No podemos llegar a ser hijos de Dios basados en reglas; tampoco podemos desarrollar el carácter de Dios apoyándonos en regulaciones. No existe lista alguna de demandas que pueda traernos, o desarrollar, una relación saludable con Dios. Todas las reglas, ritos y tradiciones llegan sin el poder que sólo se encuentra en la Fuente. Son sencillamente una lista de requisitos, no el suplemento de nuestra suficiencia. Llaman a una respuesta de observancia, pero no proveen el poder que produce la suficiencia y un espíritu vivificante que sólo viene de Dios. (Hoekstra, B. “Day by Day Grace” May 5, 2012)

 

Les puedo dar varios ejemplos… pensemos en la circuncisión, que fue requerida por la ley como una señal del pueblo de Dios: “Y al octavo día se circuncidará la carne del prepucio del niño” (Levitico. 12: 3). Esta señal en la carne servía como recordatorio de pertenencia, un distintivo del pueblo de Dios. Sin embargo; la implementación de esta regulación no cambió la vida de los Israelitas. La circuncisión física, externa, por la letra, no hizo la diferencia en el corazón del circuncidado. Es la circuncisión interna, espiritual, la que produce un verdadero hijo de Dios. “Porque no es judío el que lo es por fuera; ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en el interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; cuya alabanza no es de hombres, sino de Dios”(Romanos. 2: 28-29). Dios levanta y desarrolla a sus hijos en conformidad con Él a través del trabajo que el Espíritu Santo realiza en un corazón circuncidado. Es imposible vivir por el Espíritu y vivir lejos de Dios. Es imposible vivir con la presencia del Espíritu en el corazón y a la misma vez vivir lejos de los principios divinos. Es imposible… porque los frutos del Espíritu son…

 

El reino de los cielos es espiritual. No tiene que ver con reglas externas de “se puede” o “no se puede”. “Porque el reino de Dios no es comida ni bebida; sino justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14: 17). El ser parte de la familia de Dios, y el desarrollarnos (madurar) como hijos de Dios, no gira alrededor de la letra. Más bien, tiene que ver con el trabajo que el Espíritu realiza en el corazón de aquellos que confían en la suficiencia que viene de Dios. La vida con Dios es siempre a través del Espíritu, no la letra: “porque la letra mata, más el espíritu vivifica.”

Elena G. de White cita las palabras de Lutero en referencia a este tópico en particular:

“Que Dios en su misericordia me preserve de una iglesia en la que sólo hay santos (suficiencia humana, por la letra). Yo deseo habitar con los humildes, débiles, enfermos, que conocen y sienten sus pecados, y que claman y lloran continuamente a Dios desde lo más profundo de sus corazones buscando obtener consolación y sostén.” (White, E. G. “Conflict of the Ages” Vol. 5, 1911. Pacific Press Publishing Association)

 

A diferencia de la compañía que vendía la mezcla para hornear dulces, Dios no ha alterado la “fórmula” para hacer de la salvación algo más comercial. El evangelio que proclamamos no debe estar basado en la letra, aunque suene extraño. Cuando la suficiencia viene de Dios por el Espíritu, entonces los principios eternos llegan a ser “conversión al alma, sabiduría al sencillo, luz a los ojos, gozo al corazón” (Salmos. 19).


Dios les bendiga siempre.




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