Estudios biblicos

 

 

MARAVILLAS DE LA LEY DE DIOS 14

2019-03-18 Por: Pr. Efraín A. Sánchez (1943-2015) 25

“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón…”  (Salmos 19: 8 NVI).

 

Sanidad y Ley en El Edén

Con mucha frecuencia  oímos decir erróneamente que los que son libres y redimidos por la gracia redentora del Cordero de Dios, no necesitan guardar ninguna Ley de Dios. Sin embargo en la Biblia se demuestra otra cosa. La libertad no anula, ni disminuye la obediencia a los mandamientos divinos.

 

En el Edén, Adán y Eva eran completamente libres. No conocían otra cosa que la alegre y satisfactoria comunión con Dios. Eran completamente libres de toda atadura pecaminosa. Vivian, no solamente en libertad, sino en victoria. Sin embargo se les exigía  obediencia y lealtad. Se les dieron a conocer sus límites. Hasta había un árbol que no debían tocar. Dios les señaló cuál era ese árbol y cuál era el fruto prohibido. Ellos no escogieron a su antojo cuál árbol no debían tocar; eso era una prerrogativa de Dios. El gozo, la armonía y la comunicación  con Dios se romperían cuando ellos desobedecieran las órdenes de Dios. En el proceso de la caída, se habla de mandamientos violados tales como codicia, engaño, mentira desobediencia y pecado que es el termino bíblico  usado para la infracción de la Ley; además de la muerte que es el pago por la desobediencia a la Ley divina.

 

Libertad, Redención y la Ley en el Éxodo.

Vale la pena recordar que los judíos, el pueblo escogido de Dios, estuvieron durante cuatrocientos años bajo un estricto sometimiento a la esclavitud. Cuando llegó el momento profético en su historia, Dios rompió completamente su esclavitud egipcia. Después de cuatro siglos pudieron respirar la libertad y la completa victoria. Se deja ver bien claro que Israel no había entrado a la tierra prometida y ya Dios los declaraba libres. No más esclavitud. Ahora los amparaba la misericordia y la gracia del Altísimo. Bajo  esta condición Dios los declaro GENTE REDIMIDA. Así lo dice en Éxodo 15: 1, “Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada”.

 

Tan pronto Israel salió de Egipto era un pueblo santo, libre, redimido y escogido. Sin embargo, estando en esa condición privilegiada, Dios los condujo al monte Sinaí, y allí, les dio sus leyes y sus estatutos perpetuos. Noten que primero vino la salvación, la redención y la gracia; luego vino la Ley en medio de la libertad. Ahora, ¿Por qué darles la Ley a un pueblo libre, redimido y salvo. Porque a través de la Ley les enseñaría como disfrutar de la libertad y la gracia. Gracias a una Ley podían crecer en su relación con Dios y con su prójimo. Como seres creados, al igual que Adán y Eva en el Edén, no escogieron que hacer o no hacer para relacionarse con Dios, era el mismo Creador quien pondría los límites. Al pueblo redimido de la esclavitud, Dios le dio lo mejor para ellos.

 

Libertad, Redención y Gracia en la Cruz del Calvario

Con la redención y la gracia conseguida en la Cruz del Calvario ha sucedido lo mismo que en el Edén y el Éxodo. Solo Jesús con su sacrificio nos pudo dar completa redención. Cristo con su sacrificio nos ha hecho libres y salvos. Alabado sea eternamente su nombre. Pero el hecho de ser salvos tampoco nos libra de la condenación del pecado que era la muerte eterna, pero no de la bendición y el privilegio de estar en armonía con sus preceptos. Así lo expresa, el máximo exponente  de la libertad cristiana, como el apóstol Pablo. El dice en Romanos 3: 31, la versión La Biblia al Día: “¿Quiere decir esto que si nos salvamos por la fe ya no tenemos que obedecer mas la Ley de Dios?, Mil veces no. Es más, solo se puede obedecer la Ley cuando se confía en Cristo”. Nunca la obediencia a la santa Ley de Dios ha sido una abrumadora carga para el hombre redimido; mas que una carga es una delicia vivir en armonía con Dios. “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón” Salmos 19: 8 NVI.

 

Conclusión

Jesús en la cruz del calvario clavó el libro de la ley de Moisés; el antiguo pacto; el acta de los decretos que nos era contrario, pero no Los Diez Mandamientos. Con su sangre ratifico el nuevo pacto, así que Cristo es nuestra justicia. Al aceptar el comprometernos con Cristo estamos aceptando el nuevo pacto con Dios; en este pacto recibimos su naturaleza divina, quedamos capacitados para andar en obediencia a sus preceptos y por supuesto llegamos a ser herederos de las promesas que Israel nunca recibió por su apostasía y rebelión.

 

Que el Señor les bendiga.

 

Del folleto original “Maravillas de la Ley de Dios”, Autor Pr. Efraín A. Sánchez




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