Devocionales

 

 

TODO AQUEL QUE AMA CONOCE A DIOS

2016-01-11 Por: Pr. Allan Machado

“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios y conoce a Dios”(1 Juan 4: 7)

Solo aquellos que aman conocen a Dios. ¿Cómo poder entender esta declaración? Para los jóvenes de hoy, hablar de amor es hablar de sexo. Sin embargo, a pesar de que el amor erótico también proviene de Dios; pues fue Él quien lo introdujo en nuestros primeros padres, el amor al que se refiere el apóstol Juan en este pasaje es al amor ágape, amor incondicional, capaz de los más grandes sacrificios, el amor de Dios. Este amor sobrepasa todo conocimiento humano y prueba que no somos el producto de un complejísimo proceso evolutivo donde los seres vivos luchan por la sobrevivencia. En el mundo de los agnósticos donde solo los más desarrollados y adaptados sobreviven, el amor ágape no existe.

Sin embargo, todas estas filosofías humanas se diluyen al pie de la cruz del calvario. Fue en aquella cruz donde el amor incomprensible de Dios probó su existencia. Este tipo de amor solo puede apreciarse en toda su plenitud y de una manera práctica en la vida y la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Aquel que sea capaz de desarrollar este tipo de amor que fue modelado por el Verbo en semejanza de hombre es aquel que puede decir que conoce a Dios. En otras palabras, conocer a Dios está directamente condicionado a la capacidad de amar, y amar sin condiciones. Muchos son los que dicen que conocen a Dios, muchos se declaran cristianos; con todo, solo reflejan egoísmo e intereses propios.

En cierta ocasión un mercader Inglés que buscaba comprar un diamante exclusivo recibió una llamada de una joyería famosa en New York diciéndole que pensaban que tenían el diamante que estaba buscando. El mercader voló inmediatamente a New York, donde el dueño del diamante había asignado a un experto en piedras preciosas para que completara la venta. Después que el experto terminó la descripción de la piedra, el inglés decidió no comprarla.

Estando el mercader en su habitación del hotel preparando el viaje de regreso recibió una llamada telefónica del dueño del diamante: “¿Me permitiría que le muestre la piedra una vez más?” El mercader aceptó. El dueño no repitió lo que el vendedor había dicho. Simplemente tomó la piedra en sus manos, la miró y describió la belleza del diamante en una forma que resaltaba por qué era diferente a todas las demás. El mercader la compró inmediatamente.

Mientras el mercader guardaba la preciada piedra en el estuche, comentó, “Señor, me pregunto por qué usted fue capaz de venderme el diamante mientras que su vendedor experto no pudo” El dueño respondió: “El vendedor es el mejor en este negocio. El sabe más de diamantes que cualquier otro experto, incluyéndome a mí. Yo le pago una gran suma de dinero por su conocimiento y capacidad. Sin embargo, con gusto le pagaría el doble si yo pudiera poner en él algo que a mí me sobra. Se da cuenta, él sabe de diamantes, pero yo amo lo que hago”.

Cuando hablamos de nuestra relación con Dios lo más importante no es cuanto sabemos, sino cuanto lo amamos. Dios no está interesado en cuanta información o conocimiento hemos podido acumular, Dios está más interesado en cuanto somos capaces de amar. La salvación no depende del conocimiento, la salvación siempre ha sido el resultado de una relación de amor con el Salvador. Por esa razón solo los que aman lo  conocen.

Que tu oración este día sea: Señor enséñame a amar como solo tú puedes hacerlo, permíteme tener contigo esa relación que me capacite para conocer tu amor y poderlo transmitir a otros, en el nombre de Jesús, Amén.




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