Devocionales

 

 

UN MINISTERIO QUE ILUMINE EN LA OBSCURIDAD

2016-02-04 Por: Pr. Allan Machado

“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús” (2 Corintios 4: 3-5)

Albert Einstein expresó: “La oscuridad, en realidad, es la ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, la oscuridad, no. A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores, con sus diferentes longitudes de ondas. ¡La oscuridad, no! … ¿Cómo podemos saber qué tan oscuro está un espacio determinado? Midiendo la cantidad de luz presente en ese espacio. La oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir lo qué ocurre cuando hay ausencia de luz.” (Harold S. Kushner, “When bad things happen to good people,” Anchor, 2004)

El enemigo de las almas quiere mantener a los perdidos en la oscuridad y la ceguera espiritual: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos…” Dios está trabajando en la vida de los incrédulos de la misma forma que lo hizo en nosotros: “Y el os dio vida a vosotros, cuanto estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente del mundo… entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios. 2: 1-3). Dios trabaja de muchas formas buscando salvar a los perdidos. Por el contrario, Satanás busca la manera de cegar a los incrédulos para que no puedan ver la luz de Dios: “… para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”

A este mundo ciego y oscuro de incredulidad, venimos con un mensaje de luz y esperanza: “la luz del evangelio de la gloria de Cristo.” Solamente la luz de Cristo puede alumbrar la oscuridad espiritual de un alma perdida. Nuestro Señor proclamó este maravilloso remedio: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8: 12). Cuando la luz de Jesús alumbra la vida oscura de una persona, esta luz produce transformación y liberación de parte de Dios. Pablo entendió que este era el mensaje que debía predicar: “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26: 18).

Nosotros somos también enviados como luces que iluminan al mundo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:14). Antes vivíamos en oscuridad, ignorantes de la gloria de Cristo, mas ahora somos luces porque Jesús, la luz verdadera, vive en nosotros y brilla a través de nuestras vidas: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5: 8). Podemos mostrar esa luz en nuestro andar, en nuestras palabras, en nuestras acciones. La gloria del Señor brilla a través de nosotros. Cuando reflejamos a Jesús y proclamamos el evangelio nos convertimos en ese rayo de luz que ilumina el vacio y la oscura realidad de los que viven sin el conocimiento de Dios.

Recordemos, la luz del evangelio está en la exaltación de Cristo. El mensaje no se trata de nosotros: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.” Nosotros somos solamente siervos, comunicadores, obreros de su reino. Jesús es el mensaje. El es el Señor, el único capaz de salvar de la ceguera de incredulidad que nubla este mundo oscuro.

Que tu oración este día sea: Jesús, Luz de mi vida, brilla a través de mis palabras, de mis acciones… Haz que mi mensaje te glorifique solamente a Ti, y que el mundo oscuro que me rodea pueda ver en mí tu luz, Amén.

Dios los bendiga siempre.




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