Devocionales

 

 

ESTAR EN CRISTO

2015-12-27 Por: Pr. Allan Machado

“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en CristoJesús…”(Efe. 2: 13 y Rom. 8: 1)

¿Cuál es el significado de la frase “estar en Cristo” que Pablo usa en casi todas sus cartas de alguna forma o de otra? ¿Qué es lo que el apóstol está tratando de decirnos? Las respuestas a estas preguntas son cruciales para el entendimiento de la salvación y nuestra relación con nuestro Señor y Salvador. Consideremos que no hay condenación para aquellos que están en Cristo. ¿Es Jesús alguien familiar para ti o has desarrollado una relación íntima con él? Reflexionemos en lo siguiente:

La familiaridad y la intimidad son dos cosas diferentes. Cada una tiene su valor en la vida, ciertamente en la vida matrimonial, pero una no sustituye la otra. Si una es confundida por la otra, tendremos grandes problemas. En el matrimonio, la familiaridad es una realidad innegable. Ocurre imperceptiblemente. Por otra parte, la intimidad es difícil de lograr. Debe ser buscada, anhelada, apetecida deliberadamente. La familiaridad produce un estado de relajamiento y comodidad. La intimidad busca ansiosamente un entendimiento profundo y una intensa apreciación personal. (Gordon Lester, Homemade, Vol 4, No. 11)

La salvación es el resultado de estar en Cristo. Es el resultado de aceptar la gracia divina a través del sacrifico de Cristo y del desarrollo de una íntima relación con él. La simple frase “estar en Cristo” indica la profundidad y la extensión que esta relación íntima provee. No es una simple familiaridad. Es la búsqueda intensa de una profunda e íntima relación personal con el Salvador. “En Cristo” es dónde y cómo vivimos espiritualmente.

La Biblia usa varias alegorías cuando trata de explicar este concepto “estar en Cristo”. Por ejemplo:

La cabeza y el cuerpo. Los que creemos en Jesús no solo “nos hemos acercado por la sangre de Cristo”, también estamos conectados a él en una “unidad inquebrantable” como el cuerpo está conectado a la cabeza. “Él es la cabeza del cuerpo, que es la iglesia” (Col. 1: 18). Podemos mirar a Jesús en busca de dirección y coordinación. Podemos depender de él cuando hacemos nuestros planes en busca de orientación y sabiduría para nuestras vidas. Podemos anticipar que Jesús monitoreará, mantendrá y ajustará las situaciones y desafíos que enfrentamos diariamente.

La vid y los pámpanos. Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos” (Juan 15:5). Podemos encontrar en Jesús la verdadera fuente que sostiene nuestra vida. Separados de él estamos muertos en vida (espiritualmente). Como las ramas dependen del tronco, necesitamos aprender a depender de Jesús. Él puede hacer que nuestra vida florezca y fructifique.

El matrimonio. La íntima relación que Jesús quiere desarrollar con nosotros es comparada a la unión matrimonial. “Así también vosotros mis hermanos, habéis muerto a la ley por el cuerpo de Cristo; para que estéis casados con otro, Aquel que resucitó de entre los muertos…” (Rom 7: 4). Podemos contar con el amor sin condiciones, la lealtad sincera y la compañía constante de un esposo como Jesús.

Sí, más que familiaridad, necesitamos unirnos íntimamente con Jesús como la cabeza al cuerpo, el pámpano a la vid y el esposo a su esposa. Cuando esto se hace una realidad, entonces y solo entonces, nada podrá separarnos del amor que Jesús tiene por nosotros. “Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra criatura nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Para mostrar en las edades venideras las abundantes riquezas de su gracia, en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Rom. 8: 38,39; Efe. 2: 7)

Que tu oración este día sea: Querido Jesús, deseo que seas la Cabeza, la Vid y el Esposo de mi vida. Continúa revelándome las profundas bendiciones de vivir en íntima conexión contigo, Amén.




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