Salud del cuerpo

 

 

¿COMES O TE ALIMENTAS? 2

2018-11-03 Por: Autorización de Fundación Vivo Sano 34

LA NUTRICIÓN A TRAVÉS DE LA HISTORIA DEL HOMBRE: DE LA COMIDA NATURAL A LOS SUPLEMENTOS ALIMENTICIOS

LAS ENFERMEDADES CARENCIALES

Sin embargo, hace décadas y décadas que se empezaron a identificar las primeras enfermedades carenciales. Mucho ha llovido desde aquellos siglos XV y XVI en que los marineros estaban condenados a lo que entonces se llamó “la muerte negra”. Así lo describió el geógrafo y explorador veneciano Antonio Pigafetta, que formó parte de la expedición de Magallanes que en 1552 logró por primera vez circunnavegar el globo:

 

“Miércoles 28 de noviembre, desembocamos por el Estrecho para entrar en el gran mar, al que dimos en seguida el nombre de Pacífico, y en el cual navegamos durante el espacio de tres meses y veinte días, sin probar ni un alimento fresco. El bizcocho que comíamos ya no era pan, sino un polvo mezclado de gusanos que habían devorado toda su sustancia, y que además tenía un hedor insoportable por hallarse impregnado de orines de rata. El agua que nos veíamos obligados a beber estaba igualmente podrida y hedionda. Para no morirnos de hambre, nos vimos aun obligados a comer pedazos de cuero de vaca con que se había forrado la gran verga para evitar que la madera destruyera las cuerdas. Este cuero, siempre expuesto al agua, al sol y a los vientos, estaba tan duro que era necesario sumergirlo durante cuatro o cinco días en el mar para ablandarlo un poco; para comerlo, lo poníamos en seguida sobre las brasas.

 

A menudo aun estábamos reducidos a alimentarnos de serrín, y hasta las ratas, tan repelentes para el hombre, habían llegado a ser un alimento tan delicado que se pagaba medio ducado por cada una. Sin embargo, esto no era todo. Nuestra mayor desgracia era vernos atacados de una especie de enfermedad que hacía hincharse las encías hasta el extremo de sobrepasar los dientes en ambas mandíbulas, haciendo que los enfermos no pudiesen tomar ningún alimento. De éstos murieron diecinueve y entre ellos el gigante patagón y un brasilero que conducíamos con nosotros.

 

Además de los muertos, teníamos veinticinco marineros enfermos que sufrían dolores en los brazos, en las piernas y en algunas otras partes del cuerpo, pero que al fin sanaron. Por lo que toca a mí, no puedo agradecer bastante a Dios que durante este tiempo y en medio de tantos enfermos no haya experimentado la menor dolencia”.

 

Así se descubrió que la carencia de vitamina C provocaba escorbuto. Y aunque la descripción de la alimentación de aquellos hombres nos parezca hoy espeluznante y nos repugne, recordemos lo que decíamos en un principio: la alimentación está ligada a los grandes avances de la humanidad.


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Cierto es que hoy en día no existen carencias nutricionales tan exageradas en los países industrializados. Sin embargo, sí se sabe fehacientemente que basta incluso un estado sub-carencial de determinado nutriente o nutrientes (sean lo que sean esos estados sub-carenciales, porque tampoco hay consenso clínico al respecto) para que aumente el riesgo de distintos problemas de salud, unos leves, otros no tan leves.

 

ROSA YOESTE

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Autorización de Fundación Vivo Sano

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