Salud del cuerpo

 

 

LA MICROBIÓTICA 3/3

2018-02-24 Por: Autorización de Fundación Vivo Sano 29

UNA REVOLUCIÓN PARA SANAR LA TIERRA Y EL SER HUMANO

Hace tiempo caminando por Madrid vimos una pintada que decía: “Las bacterias también sienten”. Algo se movió por dentro, a la altura del ombligo, tan intenso que todavía perdura; y nos ha motivado a todos los autores a elegir esa frase como dedicatoria inicial del libro “La Microbiótica”.

Muchos años después descubrimos lo que algunos científicos empiezan ya a apuntar: que el campo unificado de nuestras emociones, situado en nuestro intestino es la suma de las conciencias de 100 billones de seres microscópicos y no humanos que lo habitan. De hecho gran parte de los neurotransmisores cerebrales se fabrican en el intestino, aunque luego vayan al cerebro por el riego sanguíneo. Es lo que se ha venido a llamar el “Segundo Cerebro”.

Muchos de los trastornos neuronales y psíquicos se provocan por un desequilibrio en la microbiota intestinal y se arreglarían confiando en el potencial regenerador de los microbios, a través de una alimentación que incorporara suficientes elementos simbióticos (prebióticos y probióticos) en la dieta.

Es el intestino el foco de donde parte la información vibracional, cuando sentimos miedo o alegría o stress. ¿Será casualidad? ¿Serán esos 100 billones de pequeños seres que están sintiendo por nosotros? Estamos en el albor de la “Psicología Simbiótica” que será un nuevo planteamiento para afrontar las terapias emocionales desde la perspectiva “transhumana” de la conexión con el microcosmos que nos habita.

La Microbiótica también tiene un padrino, nuestro biólogo español más ilustre y heterodoxo: Máximo Sandín. También es microbiótico en toda su obra, a contracorriente de las imperantes teorías neodarwinistas: “Los conocimientos científicos más actuales demuestran que las bacterias y los virus conviven armoniosamente en todas partes, incluyendo nuestros propios organismos, y que sólo de manera excepcional se vuelven patógenos: cuando alguna causa externa desestabiliza su funcionamiento normal. Y teniendo en cuenta que se calcula que hay en la Tierra 5 x 1030 bacterias –diez mil millones de veces el número calculado de estrellas en el universo- y que el número de virus es entre 5 y 25 veces superior, ¡si las bacterias y virus fueran patógenos no duraríamos ni un segundo!”.

Basta conocer su página web (www.somosbacteriasyvirus.com) para descubrir su fervor por el mundo microbiótico. Máximo nos dice en una entrevista publicada en Discovery Salud: “En una gota de mar hay un millón de bacterias y en un gramo de tierra cuatro millones. Vivimos en suma inmersos en un mar de bacterias y virus que, insisto, son esenciales para el funcionamiento de la vida. ¡Son los virus y las bacterias los arquitectos de la vida!”.

El planeta se oxida y se deteriora la vida sobre la tierra a ritmos crecientes y exponenciales, debido a la actividad insostenible de la sociedad humana. Las grandes amenazas del cambio climático, la desertización, la polución ambiental (electromagnética, radiactiva, química, transgénica, alimentaria…), amenazan nuestra supervivencia y la de las generaciones futuras. Se calculan unos 10.000 productos químicos nuevos, producidos por el hombre que circulan libres en el ambiente desde hace 100 años. Muchos de esos productos son tóxicos y nadie ha investigado la nefasta interacción que puede generar la combinación de algunos de ellos para la vida y la salud.

Peor aún que la polución ambiental son los alimentos y medicamentos que nos oxidan la sangre y envenenan nuestra microbiota intestinal: azúcar y sal refinados, aditivos alimentarios, derivados lácteos, harinas blancas (pastas, pan, dulces...), carnes y grasas animales, antiinflamatorios y antibióticos, etc. Ya no basta con comer sano, hay que ayudar al intestino a recuperar el orden microbiótico perdido. Y eso se consigue desinflamando y desintoxicando con alimentos minerales y vegetales específicos, a la vez que incorporando probióticos de manera constante en forma de comidas y bebidas fermentadas. Esa es la base de la Nutrición Simbiótica de la que hablaremos en un próximo artículo.

La Macrobiótica descubrió hace mucho en Oriente que los alimentos fermentados tenían una gran vitalidad que podría ayudarnos para recuperar o mantener nuestra salud. ¿Qué sería de la Macrobiótica sin el miso y el tempeh (soja fermentada) o el omeboshi (ciruela fermentada)? También poco a poco los emergentes movimientos vegano y crudivegano (Raw Food) están conectando con el mundo microbiótico de los fermentados, añadiendo así una fuente extraordinaria de micronutrientes y enzimas poderosas en su dieta diaria. Estamos solo al principio de un largo camino gastronómico y nutricional por recorrer.

Y partiendo de esa base probiótica fermentativa tradicional, se han descubierto nuevos procesos de transformación de alimentos y bebidas que nos ayudan a mejorar el balance antioxidante corporal y a recuperar la fuerza de nuestra flora y fauna intestinal. En nuestro país, se están diseñando una serie de superalimentos y bebidas simbióticas fermentadas experimentales, que esperamos pronto serán un éxito en el mercado ecológico tanto nacional como internacional.

La Microbiótica es un movimiento pequeño y silencioso, que se activa dentro de nosotros (en nuestro intestino) y también fuera (en nuestro hábitat) como un fermento benefactor. Exploremos todas las posibilidades que nos brindan estas microbiotecnologías, sin manipulaciones fáusticas ni genéticas. Solamente si nos conectamos con su frecuencia de regeneración y de amor vital descubriremos su enorme potencial.

Autor: Luis Antonio Lázaro

www.vivosano.org/la-microbiotica/




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Autorización de Fundación Vivo Sano

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