Salud del cuerpo

 

 

LA MICROBIÓTICA 2/3

2018-02-17 Por: Autorización de Fundación Vivo Sano 26

UNA REVOLUCIÓN PARA SANAR LA TIERRA Y EL SER HUMANO

Según Lynn Margulis y sus teorías de la Endosimbiosis Seriada y la Simbiogénesis, toda evolución de la vida sobre la Tierra ha sido generada desde el microscópico mundo de las bacterias. Y la ley principal de esa evolución no es la competencia del “más débil se come al más fuerte” sino la de la simbiosis, la cooperación o el intercambio. Este postulado desde luego atenta contra el paradigma vigente neodarwinista y liberal, que justifica la ley del más fuerte en la estructura dominante, tanto del plano económico-político como del científico, tal y como apunta nuestro admirado biólogo Máximo Sandín.

Ellas crearon la atmósfera terrestre y se encargan de mantener en equilibrio ese inestable y explosivo conjunto de gases que respiramos (J. Lovelock), también crearon y dirigen la evolución de las especies visibles e invisibles (L. Margulis), descubrieron y nos transmitieron el sexo (las primeras eran hermafroditas), inventaron el movimiento y la comunicación, desarrollaron la ingeniería genética para evolucionar aceleradamente a saltos y no de manera gradual, lenta y azarosa como nos han hecho creer los neodarwinistas.

Nosotros, los seres del macrocosmos visible solo tenemos una forma metabólica de generar energía, a través del oxígeno y la respiración, dirigida por las mitocondrias celulares que producen la molécula ATP. Pero las bacterias tienen infinidad de procesos metabólicos: extraen la energía del aire como nosotros y también en ausencia de este a través de diferentes procesos de fermentación anaeróbica, extraen la energía del metano, del nitrógeno, del azufre, de los compuestos sulfurados o directamente de la luz.

Sabemos que por cada célula con ADN humano hay 10 células microbianas (posiblemente muchas más) que no son humanas en nuestro cuerpo, principalmente en el intestino. Casi todas ellas están dentro de nosotros cumpliendo funciones de simbiosis positiva: potenciando nuestro sistema inmunológico o la asimilación de los nutrientes, generando enzimas y vitaminas, creando neurotransmisores y hasta emociones y pensamientos.

No somos humanos, tal y como pensamos, sino un colectivo de simbiontes bacterianos en interacción, que han evolucionado en un solo ser. Eso dice la reciente Teoría del Hologenoma, que abre nuevas perspectivas a la ciencia de la evolución biológica. Somos un holosimbionte o la suma de todos los colectivos de microbios que se integran en nuestro organismo. Ellos modulan nuestro sistema inmunitario y también nuestras hormonas y feromonas, para indicarnos con quien debemos aparearnos. Gracias a estas nuevas teorías de la evolución sabemos que podemos cambiar en una generación para adaptarnos mejor al medio impulsados por el microbioma que hospedamos. Y esos cambios serían imposibles vistos desde la perspectiva neodarwinista, que precisaría de millones de años para realizarlos. Así se ha demostrado con la mosca de la fruta o el coral del Mediterráneo, que han sufrido grandes mutaciones en su comportamiento en muy poco tiempo, sin variar sus genes, debido a las adaptaciones de la microbiota que les acompaña.

Pese a esta gran evidencia de que somos y venimos del microcosmos bacteriano, vivimos en una cultura bacteriofóbica donde nos envenenamos masivamente con productos tóxicos de limpieza, salud e higiene personal, con la intención de asesinar a todas las bacterias que se crucen en nuestro camino, incluso en nuestro intestino. Desde la guerra bacteriológica por la asepsia total del hábitat, hasta la saturación de los antibióticos como panacea de la salud y el progreso farmacológico, nos hemos equivocado de enemigo al generar una guerra contra los virus y las bacterias.

Frente a esta visión paranoica y exterminadora de que la mejor bacteria es la bacteria muerta, que incluso se estudia en las facultades de ciencias de todo el mundo, se asienta otra corriente más integrativa y holística que reconoce el gran valor de los microbios para la vida y el medio ambiente. Una gran exponente de esta corriente emergente es Bonnie Bassler, la directora del Departamento de Microbiología de la Universidad de Princeton. Ella y su equipo han descubierto que las bacterias se comunican a través de un lenguaje bioquímico y no solamente tienen vida libre individual, sino también capacidad de tomar decisiones colectivas, en una especie de voto de consenso para realizar acciones conjuntas.

Hace tiempo caminando por Madrid vimos una pintada que decía: “Las bacterias también sienten”. Algo se movió por dentro, a la altura del ombligo, tan intenso que todavía perdura; y nos ha motivado a todos los autores a elegir esa frase como dedicatoria inicial del libro “La Microbiótica”.

Muchos años después descubrimos lo que algunos científicos empiezan ya a apuntar: que el campo unificado de nuestras emociones, situado en nuestro intestino es la suma de las conciencias de 100 billones de seres microscópicos y no humanos que lo habitan. De hecho gran parte de los neurotransmisores cerebrales se fabrican en el intestino, aunque luego vayan al cerebro por el riego sanguíneo. Es lo que se ha venido a llamar el “Segundo Cerebro”.

Autor: Luis Antonio Lázaro

Continuará…

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