Salud del cuerpo

 

 

LA DIETA ANTIINFLAMATORIA 1/2

2017-12-16 Por: Autorización de Fundación Vivo Sano 15

La dieta y los nutrientes que ingerimos junto al ejercicio, el control del estrés y un sueño fisiológico pueden influir a la hora de controlar, bloquear o evitar una inflamación subclínica o silente.

Las enfermedades crónicas de todo tipo se generan bajo procesos inflamatorios de base patogénica común. Los complejos proceso de la inflamación son parte de los mecanismos de defensa, que son absolutamente imprescindibles siempre que estén modulados y controlados, pero que en exceso o perpetuados en el tiempo son la fuente patogénica de un gran número de enfermedad crónicas: la presencia de una inflamación subclínica o silente es pues una vía que hay que detectar lo antes posible y bloquear. Este mero hecho permite a las personas evitar el desarrollo de patologías que más tarde generaran grandes discapacidades.

Hay conexiones claras entre la inflamación – RL-, el envejecimiento y el desarrollo de enfermedades crónicas

La medicina ortodoxa recurre a potentes sustancias de base antiinflamatoria: evidentemente reducen los mecanismos bioquímicos de la inflamación y pueden ser útiles en fases cortas y con un objetivo concreto. El problema es que generan efectos secundarios importantes y tienen un objetivo sintomatológico. Usualmente tampoco hay un abordaje integral. Sin embargo es posible utilizar otros métodos y procedimientos para reducir la carga inflamatoria.

En la inflamación hay cientos de complejas reacciones bioquímicas que se han descubierto principalmente en los últimos años. Nuevos mediadores bioquímicos e inmunológicos están conectados. Las hormonas y el sistema nervioso en su globalidad, central y vegetativo participan en un complejo entramado. Pero hoy se puede decir que los actores principales del hecho de la inflamación son los eicosanoides, que generan el proceso y están implicados en las patologías crónicas de base inflamatoria. Detectar precozmente esta clase de inflamación subclínica y corregirla es la base para evitar numerosas patologías actuales.

Ya a mediados del XIX Rudolf Virchow y Julius Cohnheim investigaron las relaciones entre la injuria celular y la inflamación. En 1970 Russell Ross definió a la proteína C reactiva (PCR), un tipo de reactante de fase aguda inespecífico sintetizado en hígado como primer marcador en sangre del proceso inflamatorio. Hay ya un gran número de marcadores bioquímicos que permiten conocer este estado de inflamación no clínico y también sabemos que las relaciones con patologías como los procesos cancerosos, el binomio diabetes-obesidad, las enfermedades autoinmunes y degenerativas entre otras están en la base de un proceso inflamatorio subclínico y crónico.

La inflamación subclínica daña el sistema hormonal e inmunitario, genera un envejecimiento en discapacidad añadida y acelerada. La inflamación y los eicosanoides son adecuados para la defensa, pero deben ser mantenidos en un equilibrio que se altera ante la agresión constante. Los eicosanoides son estimulados por la liberación de histamina por parte de las células mediadoras de la defensa. Y uno de los principales eicos, el ácido araquidónico estimula la liberación de interleucinas, como la IL6 y el factor de necrosis tumoral (TNF) con potente acción destructiva.

La dieta y los nutrientes que ingerimos, junto al ejercicio, el control del estrés y un sueño fisiológico pueden influir en la expresión inflamatoria controlándola: hay un modelo nutricional de efectos inflamatorio y prooxidante y un modelo antioxidante y antiinflamatorio. Y hay correlaciones positivas entre los parámetros de inflamación y la capacidad antioxidante total de la dieta.

Se llega a plantear que el control de la inflamación es más importante que el fenómeno antioxidante.

Los alimentos no sólo nos nutren, también se comportan como medicamentos que pueden incrementar nuestro rendimiento, mejorar nuestro aspecto, hacernos sentir mejor o mejorar nuestra capacidad mental. Y al contrario. Hoy un gran número de personas llevan estilos de vida que no son saludables y uno de los aspectos más afectados es el tipo de nutrición actual que es proinflamatoria. Esta afirmación es conocida por muchos que se dedican al estudio de una medicina natural, pero parece increíble señalar que sigue siendo un campo de intenso desconocimiento para mucha clase médica.

 Continuará…

Autor: José Francisco Tinao.

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